El hombre actúa conforme a lo que es, pero son nuestros actos los que definen nuestro ser, ¿qué quiero decir con esto?, pues que la única forma de cambiar nuestra forma de ser es cambiando nuestros comportamientos. Pondré un ejemplo:
Una persona (que podríamos ser cualquiera) es muy desordenada ¿cómo evitarlo? Tratando de ser ordenada
Por si no es suficiente propondré otro ejemplo:
Una persona es muy vergonzosa ¿cómo evitarlo? Poniéndose en situaciones vergonzosas y aguantando el tipo, a pesar de todo
¿Os parece un panorama nuevo éste que os muestro? Para nada lo es, lo que pasa es que como dice la cita “todo está dicho, pero como nadie escucha hay que repetirlo de nuevo”. Esta teoría tiene su base en la división entre potencia y acto que hace Aristóteles. El hombre tiene en sí mismo tanto el santo como el demonio, él decide que potencialidades saca adelante. Otra referencia filosófica es aquella de que “el hábito hace la virtud”, y no me refiero al “hábito de monje”, no me malinterpretéis, porque en épocas pasadas se ha pensado que los únicos santos eran los monjes, curas, etc. y estoy seguro de que no es así. Lo que quiero decir es que a fuerza de actos que pasan a ser costumbres nacen las virtudes. Los vicios también son hábitos, pero hábitos malos.
De esta forma: ¿qué más me da ser tímido si puedo superar mi timidez? ¿qué más me da ser desordenado si puedo ordenarme? ¿qué más me da ser pasivo si puedo superar mi pasividad? Pero no os voy a engañar, la lucha es costosa y supone un esfuerzo, pero vale la pena.










[...] – Ser y acto. Construyéndonos a nosotros mismos. [...]