Rajoy se ha descubierto. El PP y él como cabeza electoral se han despojado de la máscara y la chaqueta con las que estaban presentándose ante los españoles de cara a las elecciones del 9m. Querían dárselas de partido de centro con propuestas económicas para los mileuristas y las rentas más bajas así como también para las mujeres, y tan preocupados parecían por la situación socioeconómica que asusta
ba ver a Rajoy vendiendo sus ofertas en materia económica. Y el temor podía hacer pensar que se estaban volviendo izquierdistas, tan grande es su preocupación, con Aguirre diciendo que “Pizarro es el candidato de los trabajadores que entusiasmará a los jóvenes”.
Pero la incorporación de Manuel Pizarro, con todo lo que ello conlleva, me hizo darme cuenta de que no eran distintos, que seguían siendo los mismos, con la salvedad de que a su discurso derechoso ahora han añadido el populismo. Y ahora ya, desenmasacarados y deschaquetados, ponen las cartas sobre la mesa.
Rajoy propuso ayer, su “contrato de integración”. Es la hora de presentar a sus votantes, posibles o no, sus líneas de actuación contra la inmigración. Lo mismo que en el PP luchan contra el paro, o el terrorismo, luchan también contra la inmigración (legal o ilegal), pues no se puede afirmar que a los orbitantes de la derecha les gusten los inmigrantes. Y ya que no pueden expulsarlos por lo necesarios que son, pues hay que impedirles la entrada, invitarles a irse, y como último recurso para los renuentes, españolizarlos.
Ya han surgido las críticas, y de todas ellas me quedo con la pregunta planteada por Kamal Rahmouni, presidente de ATIME: “¿Van a pasarnos un catálogo de las costumbres españolas?”. El contrato obligaría a los inmigrantes a cumplir las leyes y a respetar las costumbres españolas. Las leyes se cumplen porque están escritas y, ya se sabe, su desconocimiento no impide el cumplimiento; pero, ¿qué pasa con las costumbres? ¿Cómo se determinará qué costumbres son españolas? La costumbre no está escrita, es algo arraigado e imbricado en una cultura que varía de una región a otra. Así que habrá que elaborar un catálogo que abarque todo lo que pueda las costumbres españolas más extendidas, o múltiples catálogos en función de la comunidad autónoma, la provincia o el pueblo.
Si este contrato se establece, se me ocurre que se podrían dar situaciones tan aberrantes como que los veinte inquilinos de un piso patera no puedan quejarse de que otros veinte españoles no les dejen dormir con el escándalo del botellón. ¿O es que alguien negará que el botellón no es ya una costumbre española? Pero dejando las aberraciones aparte, reconozco algo positivo en el contrato, la parte que dice que a los inmigrantes se les reconocerán “los mismos derechos y prestaciones que a un español”. Según lo entiendo, tendrán derecho al voto, ya sean comunitarios o no, algo de lo que hasta ahora gozan los extranjeros comunitarios y en las elecciones locales.
En este sentido, apoyo totalmente el contrato de Rajoy, pues permitirá que los inmigrantes con permiso de residencia puedan votar y hasta impedir que vuelva a gobernar un partido político que tanto los está maltratando.








[...] Dice “sin futuro y sin un duro” que no se cree que Pizarro sea un buen candidato para pensar en la gente humilde. [...]