
En la actualidad, La Camorra napolitana se ha puesto de moda, el libro Gomorra de Roberto Saviano relata las prácticas más escalofriantes de esta ciudad napolitana. Pero ¿De dónde procede dicha organización? Pues no nos vayamos lejos, quedémonos aquí, porque los antecedentes de las mafias se encuentran en España.
Se barajan hipótesis de un origen incierto allá por el siglo XV en el año 1412, en la ciudad de Toledo. Esta organización se hacía llamar La Garduña, cuya definición sería algo así como un ratero sutil. Incluso, la Iglesia en su “Santa Inquisición” la utilizó de brazo armado para solucionar determinados problemas difíciles.
La identificación dentro de esta organización eran tres lunares en la palma de la mano, así podrían reconocerse entre ellos. Lo más asombroso, es que a pesar de cometer delitos: estafas, asesinatos, robos y violaciones, la Garduña era bastante religiosa, rezaban por sus hermanos que ya no estaban y destinaban el 10% de sus beneficios al Purgatorio.
Lo cierto es que esta organización ha permanecido más de cuatro siglos en todo el mundo y hoy se reencarna en mafias muy conocidas. Ellos se consideraban una hermandad y se organizaban en una pirámide, claramente jerarquizada. En la cúspide se encontraba el hermano mayor, el más poderoso, éste se encargaba de manejar los hilos para que otros delinquieran, solía pertenecer a una alta condición social. Posteriormente estaban los capataces, normalmente uno en cada ciudad, su función era organizar los crímenes, le seguían los compañeros: existían dos grupos, los floreadores, aquellos que robaban y los que mataban recibían el nombre de punteadores. En una escala inferior, un cajón desastre, donde cabían postulantes: recaudaban el dinero, aprendices y sirenas: mujeres que prestaban servicios sexuales para cualquier fin.
En esta pirámide uno podía ir escalando hasta arriba, En cambio el que no cumplía las normas era eliminado, estas normas se recogían en El Libro Mayor. Para poder pertenecer debías cumplir una serie de requisitos, te exigían buenos ojos, buenos oídos, buenas piernas y poca lengua. Los chivatos no podían negociar, los floreadores solo tenían que vivir a costa de robar, las sirenas debían aceptar y vivir con los regalos, que le ofrecían los nobles. Toda una empresa bien organizada que nos ha dejado como legado el crimen.