Lo oí por primera vez hace poco más de un año. En ese momento regresé a mi infancia, al momento exacto en el que me burlaba de la música con la que mis padres disfrutaban: Ana Belén, Silvio Rodriguez, Mercedes Sosa…
Él era igual que los otros, sencillo, humilde, cantando por y para el pueblo. A veces no sabía si aquello era música o poesía. Hablaba con un tono calmado, demostrándo que las prisas de nuestra época no le habían afectado. Por lo general, este tipo de cantautores necesitan de tiempo y parsimonia para hacerse un hueco en el corazón de la gente.
De esta forma, la segunda vez que sonó por los altavoces alcancé a escuchar (además de a oir, que no es lo mismo) todo lo que tenía por ofrecerme. Y ahora creo que se merece un hueco en este blog periodístico además de en la estantería de cualquier nostálgico amante de la revolución de la palabra.




