“Con un par… de gafas”
Nervioso, es cierto, nervioso, lo he sido siempre y lo soy, pero ¿por qué dirán que estoy loco?
Los primeros relatos que leí fueron los de Edgar Allan Poe. El escarabajo de oro, el pozo y el péndulo, el corazón delator (con cuyo principio inicio este artículo), además es gracias a Poe por quién escribo ahora. Empecé escribiendo relatos cortos no de terror, pero llenos de pasiones y sensaciones horribles como los de este maestro del relato corto. Más tarde en Sevilla leería su poema “The Raven” (El cuervo) leyendo entre susurros aquel “Quoth the raven, `Nevermore.’”.
Todo el mundo debería leer algo de Edgar Allan Poe, recuerdo el primer libro suyo que tomé en mis manos. La portada mostraba una calavera atravesada por un clavo y un escarabajo atado a un hilo que le cruzaba por el orificio ocular izquierdo, por detrás de la calavera se veía una guadaña y en la parte de abajo de la ilustración una carta sellada y una vela. El tipo de entrada que llama a leer un libro. Me sentí acosado en la cárcel de la inquisición leyendo el pozo y el péndulo, completamente loco leyendo el corazón delator, con una pasión enfermiza por poseer la belleza al leer Berenice… sentí miedo de ser enterrado vivo al leer entierro prematuro y creí en llegar a saber lo que era la otra vida cuando presencié los sucesos del caso Valdemar.
Poe es uno de los grandes maestros de la narración corta y mi cuentista favorito junto con O’Henry (casualmente los dos son norteamericanos), además de escribir cuentos también teorizó sobre este tipo de narrativa. Edgar Allan Poe sabía perfectamente que el relato estaba hecho para ser leído de seguido, a diferencia de las novelas que son leídas de forma intermitente. Por eso Poe se afanaba tanto en introducir al lector en su mundo durante ese breve espacio de tiempo y no dejarle escapar. Los relatos de Poe son intensos y de temas dantescos, dicen que las ideas de sus relatos las sacaba de sus pesadillas provocadas por el opio y quizás también por el alcohol que fue uno de los grandes problemas de Poe que terminó acabando con su vida. No se sabe a ciencia cierta como murió Poe, los informes médicos se perdieron y nadie supo explicar como apareció aquel 3 de Octubre de 1849 por las calles de Baltimore delirando y con ropas que no eran suyas.





28/01/09 at 12:48
Poe, un clasico que hay que leer. Me quedo de entre sus historias con la de El barril de Amontillado, aunque tiene muchas muy buenas, y las detectivescas tambien estan muy bien.
29/01/09 at 00:14
Como El Pozo y el Péndulo… Nada.
29/01/09 at 02:24
Por lo visto dicen que Poe fue emborrachado durante varios días por varios representantes de un partido político -en esa época se estaban celebrando unas elecciones-, y conducido por diferentes urnas para que votasen a su partido. Luego, lo abandonaron a su suerte, y ahí es cuando murió. Al parecer esa artimaña era bastante habitual en la época -como aquí la rotura de urnas-, eso es lo que he leído. Un final muy triste, que se veía venir -la historia de El Gato Negro trata básicamente sobre el demoni del alcohol-
18/02/09 at 19:16
En un estado de amnesia total respecto a mis lecturas universitarias, me compro, de Edhasa, el tomo de Cuentos completos y la biografía de Ackroyd.
Y me encuentro con que la vida de Poe es un desastre completo y que me aburren la mayoría de los relatos (salvo los de Dupin y alguno más). La cosa terrorífico-necrofílica-sobrenatural no me dice nada y el estilo se hace algo pesado. La mayoría de sus personajes son histriones en estado máximo de agitación. Si nos topáramos con ellos llamaríamos al manicomio o a la policía, o a los dos.
27/02/09 at 01:35
[...] La figura tiene el indudable mérito de ser la mejor campaña de publicidad de toda la historia de nuestro país. Ningún otro anuncio ha provocado tanta admiración y rechazo, llegando el debate incluso al plano político. Ningún otro símbolo de publicidad ha sido colocado en la bandera de ningún otro país del mundo. Incluso ha sido acusado como símbolo de la falta de oportunidad entre géneros, casi nada. Todo un éxito póstumo que le ha llegado casi sin querer, como a los grandes. [...]