Que Rafa Nadal es un portento físico y que mentalmente es el tenista más fuerte del circuito de la ATP nadie lo duda. Su garra y
su ansia de victoria hacen levantarse del sillón a millones de espectadores cada vez que está sobre la pista. Y es, precisamente, esa sed de triunfo lo que puede pagar caro el tenista manacorí.
La temporada de Rafa Nadal comienza en enero y termina a finales de noviembre. Es un periodo de tiempo muy extenso en el que su cuerpo apenas descansa y no se recupera de los continuos esfuerzos. Master Series y Grand Slam son sus objetivos marcados con una flecha roja en el calendario. No obstante, entre unos y otros apenas hay una semana de descanso y si a ello le sumamos la competición de dobles que Rafa suele jugar también habitualmente, el número de partidos disputados asciende hasta cifras considerables.
Sé que tiene 22 años y que es un toro físicamente hablando, pero todos los cuerpos tienen un límite que conviene no sobrepasar. Rafa lo está haciendo y en las dos últimas temporadas su cuerpo ya le ha dado más de un aviso. Sus rodillas y su espalda han sufrido las consecuencias de esa gran carga de partidos sin periodos de recuperación.
Alguien debería frenarle y hacerle ver que se tiene que tomar su carrera deportiva con mucha más calma porque ese nivel es insostenible por muchos más años. Sería una pena que por seguir a este ritmo estuviera totalmente fundido en poco tiempo y lo que sería peor, siendo todavía muy joven.
Si no es él, la gente de su entorno debería asesorarle. Deben darse cuenta que lleva cinco años a una altura estelar y que se podría quemar. Si comprobamos los palmarés de estrellas como Pete Sampras o André Agassi, podemos observar cómo a pesar de sus dilatadas carreras y sus éxitos en casi todas las temporadas, acaparan en un periplo de cinco ó seis años sus mejores resultados. Sampras, que ganó la friolera de catorce Grand Slam desde 1990 hasta 2002, fue insuperable desde 1993 a 1998 periodo en el que ganó diez de sus catorce grandes. Algo similar le ocurre a Agassi que, de 1995 al 2001 consiguió cinco de sus ochos Grand Slam.
Y, aunque Rafa debe cambiar el chip, el mallorquín se encuentra en semis del Open de Australia y se verá las caras con su amigo Fernando Verdasco en una bonita lucha por entrar en la final del primer Grand Slam del año.






