Man on Wire


Man on Wire, con su Oscar, se proclamó como mejor documental del año . Su director, James Marsh, reconstruye la historia de Philippe Petit: un funambulista francés que tendió un cable entre las desaparecidas Torres Gemelas, y que, durante 45 minutos, cruzó ocho veces de una a otra.

Es una historia muy poética: un hombre obsesionado con un sueño; carismático e idealista, que es capaz de involucrar a sus amigos más cercanos para conseguirlo. Además, desde el punto de vista visual, es un espectáculo único: Philippe Petit llegó con un cable al punto artificial más alto de la tierra. Las escenas de este documental hablan de equilibrio, de concentración, y están compuestas por un espacio irrepetible, por la cúspide de la civilización. Alrededor del funambulista sólo hay aire, es entrar en simbiosis con la naturaleza: es arte puro.


El director utiliza el flashback para contar toda la preparación que necesitó la hazaña: falsificación de documentación, acceso al tejado. También el entrenamiento previo. Estas pequeñas anécdotas guían al espectador hasta la acción relevante: cruzar de una torre a otra; y, además, ayudan a entender las disputas internas del equipo, la capacidad de sacrificio de cada miembro. Porque, durante los meses de planificación, se demuestra que Petit está obsesionado con la idea y que nadie podrá deternlo. Su sueño se superpone a todo lo demás: reconoce que su plan es una locura atada a la casualidad.

Esa personalidad fuerte es la que le representa como un rebelde, un hombre que no se deja domesticar. No busca una explicación a lo que hace: no la necesita porque sólo aspira a sentirse bien ahí arriba. Pero, aun así, se muestra que es un artista pasional que afirma que morir subido en el cable es la mejor forma de hacerlo.


Su hazaña fue clasificada como “El crimen artístico del siglo”. Eso era el siglo XX, y las Torres Gemelas desaparecieron nada más empezar el XXI. El círculo parece que se cierra: Petit separa el espacio que las separa en el año 1974, y en 2001 el atentado del World Trade Center termina por derribar el símbolo del poder de Occidente. Y es que, poder es lo que descubre el funambulista cuando baja del cable: es detenido y, puesto en libertad con la condición de que haga un pequeño espectáculo en la ciudad. Parece contradictorio, parece que el artista libre y rebelde se pliega ante el poder. Poder, también, que reconoce cuando es aclamado por el pueblo norteamericano. Una muchedumbre que lo envuelve y lo desconcentra, pero él aspira a vivir concentrado, inmutable, encima de la cuerda, sin que nada escape a su control.


Un saludo.

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Esta entrada ha sido publicada también en Cinemascope35

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