Son las 8:45 de la mañana. Me dirijo hacia la parada del autobús. Tengo que arreglar en Hacienda los papeles de una asociación cultural sin ánimo de lucro en la que participo, lo que de por sí debería ser socialmente interesante y bien visto. La chaqueta, la mochila, todo en orden.
Doblo la esquina y lo veo. El autobús que tengo que coger, a unos cuantos metros, junto a la parada. Echo a correr y empiezo a ir ganando los metros, viendo cómo los últimos pasajeros van subiendo. Antes de cerrar la puerta veo que mira hacia mí, me ha visto. Acelero aún más y veo que emprende la marcha. Llego a llamar a la puerta con los nudillos, veo que vuelve a mirar, pero no para. Me rindo y pienso “se fue” y vuelvo hacia la parada lentamente. Me giro y veo que se va parando. Aquí empieza el absurdo. Veo que vuelve a acelerar. Finalmente, se para. Echo a andar y veo que abre la puerta. Subo.
- Creía que no iba a parar.
El conductor ni me mira. Saco el bonobús.
- Muchas gracias.
- No te acostumbres.
Ahora me ha mirado. Respondo con una sonrisa simpática y un leve “sí” y pico. Da error. Eso ya lo sabía.
- A ver, dámelo.
Se lo doy. Empieza a hablar solo.
- Es la hostia, llega tarde y con un bonobús estropeado.
Aquí pienso: es la hostia. Tu empresa, hace ya cuatro o cinco años, decide quitar el bonobús sin transbordo, dando por hecho que a todos nos apetece comprar la posibilidad de coger varios autobuses en una hora, aunque no vayamos a hacerlo. Luego vuelve a ponerlo, sin dar explicaciones. Es la hostia que tu empresa haya subido sus precios dos veces en los últimos dos años, y que el bonobús mensual que he comprado por 30 euros (5.000 pesetas, la posibilidad de comer dos o tres veces hace diez años, y que en 2008 costaba 28 euros, y antes de eso 24, y lo habéis subido 1.000 pesetas porque habéis querido) se haya estropeado a los dos días.
Me devuelve el bonobús. Decido ser educado, darle las gracias y tirar hacia el fondo. Me agarro a una barra y una señora me indica que el conductor me llama.
-Joven, dice que coja el billete.
¿Qué billete? Si ha visto que tengo el bonobús. Como veo que me sigue llamando, acudo.
-Aféitate.
-¿Qué?
-Y córtate el pelo.
-¿Por qué?
Se ríe. Creo que se hace el simpático. Tal vez se sienta mal por la forma de la que me ha tratado antes. Aunque se le da muy mal. No me hace ni puta gracia.
-Tienes muy malas pintas.
-O no.
-Métete en la mili.
-¿A defender el país?
-Al ejército, al ejército. No, el país no. La patria.
-Hemos perdido tantos valores.
-Totalmente.
Todo esto mientras se ríe. Para en una parada. Sinceramente, no sé qué hacer. Cuando fui teleoperador de ya.com, me dieron lo que llamamos “el curso de marketing”, donde nos indicaban cómo teníamos que tratar con el cliente. A mí, si no trataba al cliente con un respeto máximo y casi divino, aunque mi empresa no parara de desangrarlo, me ponían en la calle en unos pocos segundos. Y este hombre parece que trata con un parquímetro.
-Voy a volver al fondo.
Y ahí lo dejo. Sin afeitarme, sin cortarme el pelo, sin entrar en el ejército. Sin entender de qué va eso de Sevilla, los servicios públicos, España ni la socialización.










Me ha encantado, me lo he tragado en un par de minutos. Genial ^^
jajaja. Yo tb tuve un par de encuentros. A veces lo mejor es callarse… otras veces creo que no. El problema es distinguir cuándo.
Hiciste bien. Podrías haberte cagado en sus muertos, pero ante semejantes subnormales, lo mejor es sonreír y pasar.
Quitando la última frase… Mejor.
jaja parece increíble, pero me lo creo. Yo llegué a ver una pelea a puñetazo limpio hace 3 años de un conductor de la línea 24 con un hombre mayor que tenia un zapato de esos que las suelan miden un palmo. Increible pero cierto.
Esto es un caos… no me extraña lo que dice Cerote, este año vi a un conductor de TUSSAM del 24 acordarse de los ascendientes de unos viajeros y amenazar al resto del pasaje con echarlos del autobús, sólo porque le pidieron 3 personas a la vez (y una en catalán ¿?) que abriera la puerta de atrás para que subiera un minusválido.
Quité la última frase. Me parece que así quedó bien.
No hablemos muy alto de los tussaneros que se ponen en huelga.
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