Hoy voy a partir una lanza a favor del trabajo del artesano, de capital importancia para la historia del arte en general. Muchas veces se ha criticado al cine de género simplemente por ser de género, sin darse cuenta -hola, John Ford- de que bajo la apariencia más humilde y noble se puede contar la mejor de las historias. Por eso hoy parto mi lanza en dos frentes, en el cine y en la literatura, aunque en realidad se trate del mismo.
No es tan difícil dar por ahí con lo que yo llamo críticos de oídas. Les suena tal, o les suena cual, y por supuesto este director de Villaborrego de abajo es importantísimo para intentar trazar una cronología del nuevo realismo post-grunge straight from da block 97. Y la verdad es que en su puta vida han visto una película suya. Tampoco hace falta rebuscar tanto: 1984 es la novela que más gente dice que lee y no ha leído. ¿Cuánto intelectual gafapasta hablará semanalmente maravillas de Kubrick y ha visto sólo La naranja mecánica y con tal de saber qué es lo que pone en esa camiseta tan chuli que le regaló la Jessi?
Lo curioso es que llega un momento en que ese joven intelectualoide decide descalzarse y sentarse a ver películas. Y se sienta por primera vez delante de Casablanca, o de una novela de Dickens -los papeles de Pickwick, por ejemplo-, o de cualquier volumen de misterios de Sherlock Holmes. Y aquí es donde empiezan los problemas. A un crítico de oídas se le reconoce fácilmente. Son aquellos que no han aprendido que el prejuicio es sólo un requisito previo para poder elaborar un juicio según la experiencia propia. Al crítico de oídas le reconocerás porque hará como que no ha visto la evidencia con tal de quedarse anclado en su prejuicio, que le parece de mucha más validez intelectual. Así, por ejemplo, oirás hablar a uno de éstos de “la industria” y “la maquinaria de Hollywood” como algo que claramente anula el valor cinematográfico de Casablanca, y también del victorianismo y de la burguesía y de la literatura de género para intentar descalificar a Dickens y a Conan Doyle, respectivamente.
Por contra, los verás sentarse con pinta de interesantes -y un puro si se tercia- delante de cualquier película de Béla Tarr, Angelopoulos, Tarkovski o Kiarostami como si estuvieran contemplando la palabra divina. Embelesados ante esos planos secuencia de un cuarto de hora que, en dos horas y media de película, cuentan absolutamente lo mismo que “la maquinaria de Hollywood” habría contado en una. Ojo, no digo que esté mal que te guste Tarkovski o Kiarostami. El problema es el desprecio por autores -Ford, Wilder, Capra, Hawks, Preminger- que han elegido ser artesanos en lugar de miembros de Der Blaue Reiter. Digo estos autores por nombrar algunos: quizá la mayoría de críticos de oídas no se atrevieran a cargar contra ninguno de ellos, aunque fuera por vergüenza y dignidad moral (lo que no significa que no lleven emponzoñado cierto desprecio en su alma de críticos de oídas).
Tal vez podamos concederle a las novelas de Sherlock Holmes ser más un ejercicio de lógica, de racionalización y de astucia que de arte. Pero hay buena y mala literatura de género, como hay buen y malo cine de género, y que algo sea popular no significa que sea necesariamente malo. Es cierto que no todo el mundo va a disfrutar igual leyendo a Conan Doyle que a Proust, pero sí es cierto que preferirán a Conan Doyle frente a Richard Sterling (el seudónimo que me puse cuando intenté escribir una historia de detectives hará ya mucho tiempo). Lo que aprendió el cine es que cualquier mensaje de calado humano e intelectual profundo cabe en una historia más o menos sencilla -El apartamento, Vive como quieras- y que no es necesario un plano fijo de 12 minutos de una casa vacía para decir “la soledad” cuando puedes decir “la soledad” y que se entienda lo mismo.









Pues eso, a mi me siguen gustando las novelas de género y ya quisieran muchos de los que se autopostulan escritores de culto escribir la mitad de bien de algunos de los considerados autores de género. De cine no entiendo, ergo tampoco opino.
Todavía me acuerdo de cuando reseñé, en un blog temático muy leído, el absurdo remake de ‘Funny Games’. Es cierto que me equivoqué, descalificando gratuitamente. Pero al tratarse de una película de Michael Haneke, recibí insultos, amenazas, y comentarios verdaderamente hirientes de un colectivo que describes perfectamente.
Un colectivo que dice defender ‘Stalker’ a muerte sin haberlo visto, o que es capaz de hablar horas de Kubrick y nunca vio más allá de ‘El Resplandor’ y dice que ‘La naranja mecánica’ es una apología de la violencia.
Qué quieren que les diga. Hay gente que nunca verá nada bueno en ‘La jungla de cristal’ sólo porque “es una evasión típica hollywoodiense, con su vacuidad palomitera y chauvinista” (sic), y luego verán alguna peliculilla de Lars Von Trier, y nunca reconocerían (NUNCA), que se han aburrido un poco. Porque luego tienen pendiente hablar horas y horas de la maravilla que ha visto con el compañero de al lado.
Pero, claro, como hablar es gratis…
@bukowski tienes toda la razon en tu articulo. En mi carrera (comunicacion audiovisual) me encontré a muchos criticos de oídas superflipados con el cine japonés, coreano y demás, y como no, menospreciaban todo lo que no fuera “para intelectuales”. De todas formas, es muy interesante analizar a los clásicos americanos, así como a otros autores contemporáneos que saben contar historias sin andarse por las ramas.
Lo peor de hacer una crítica como esta es que al final se puede acabar cayendo en lo mismo: despreciar a Lars von Trier o David Lynch sin haber visto nada más que Los idiotas y Eraserhead respectivamente.
Entiendo por dónde va el artículo, pero hay que tener cuidado y no despreciar el trabajo de Tarkovski, por ejemplo.
Y no sé yo si alguien que critica la maquinaria de Hollywood se metería con Wilder o Ford, la verdad… el cine clásico de Hollywood está muy bien visto.
Yo soy el primero que ha disfrutado como un enano viendo Sacrificio o Solaris. Además lo aclaro en el artículo: el problema no es que te gusten el tito Andrei o el tito Abbas, es despreciar a Capra y a Hawks por ser “esclavos del sistema”, “mecanizados”, “alienantes” y “poco intelectuales”, adjetivos que he oído para ellos y cineastas de calado similar del cine clásico americano, pero que he querido ahorrar en (sic)s.
Aunque no se metieran con Ford o Wilder, se meterían con Sturges, con Curtiz, con Mahmoulian o quizás con Walsh, que no por ser menos conocidos entre los cinéfagos de medio pelo han hecho un cine mucho peor que los otros.
En todo caso, Ford es lo que puede considerarse un director de género. De hecho, ya mayor, Ford se presentaba en los Oscars diciendo: “mi nombre es John Ford, y hago películas del oeste”. Wilder quizá haya sido un poco más versátil, pero otros directores de la “maquinaria de Hollywood” podrían ser gente como Hitchcock. Para el caso..
Pensé que había quedado claro por dónde iba
.
Jefe, no me toques a mis niños de Der Blaue Reiter… gracias a ellos comprendí el mundo de las vanguardias, eliminé mis prejuicios con esa época artística y… conseguí una matrícula, que todo hay que decirlo.
Aquí cada uno se toca la flauta como puede, como le dijo Napoleón a Josefina en su noche de bodas.
El autor de este simpático texto confunde -y manipula- su defensa por el cine de género con el menosprecio por cierto modo de hacer cine.
Que Preminger o Sturges necesiten -quizás- una justa revisión de su fascinante e inquietante filmografía no tiene nada que ver con la valoración por un cine distinto al de la antigua industria de Hollywood.
Quien firma juzga repetidamente:
- Embelesados ante esos planos secuencia de un cuarto de hora que, en dos horas y media de película, cuentan absolutamente lo mismo que “la maquinaria de Hollywood” habría contado en una.
- no es necesario un plano fijo de 12 minutos de una casa vacía para decir “la soledad” cuando puedes decir “la soledad” y que se entienda lo mismo.
Desde luego, no está mal que emita juicios de este tipo. Pero que al menos no pretenda ser educado diciendo “no digo que esté mal que te guste Tarkovski o Kiarostami”.
Si va a tomar partido, que lo haga claramente. Pero no de manera confusa, mezclando defensas con ataques.
Y luego, cuando las ideas queden definidas, entonces podemos decidir si una historia “sencilla” como El Apartamento tiene mensajes más profundos y humanos que esas películas de tomas largas.
Al final, la intolerancia que el autor le achaca a esos “críticos de oídas” termina recayendo sobre él mismo. De un plumazo mira sobre el hombro las películas de Tarkovski, Tarr, Sokurov, Phillipe Garrel, Hou Hsiao-Hsien, Tsa Ming Liang, Carlos Reygadas, Lisandro Alonso, Jaime Rosales, Apichatpong Weeresethakul, Naomi Kawase y muchos otros.
El cine es demasiado grande como para estar comparando y definiendo sus límites.
Saludos.
No se puede comparar lo que hacía Wilder, por ejemplo, con lo que se hace ahora. El cine de Wilder era sutil, humilde, pero a la vez solemne y universal.
Pocas ejemplos se ven ya de película humildes que cuente problemas de verdad sin caer en el gafapastismo y el falso simbolísmo.
@El agua: no tengo por qué tomar partido, ya que disfruto igual con unas cosas que con otras, siempre que sea buen cine. No es eso de lo que trata el artículo, una pena que no lo hayas entendido. Mencionar nombres aleatoriamente es muy fácil, otra cosa es que sirva de algo.
Jaime Rosales hace unas mierdas de películas como la copa de un pino, por cierto. Infumables y aburridas. Si es ante estas cosas ante las que hay que plantarse, aquí me planto yo.
Jaime Rosales es un “crack”, nos cuela a todos el bodrio de “Tiro en la cabeza” y se queda tan pancho.
Acabo de ver (literal) “Al Este del Edén”, Elia Kazan en una novela de Steinback.
Difícil, pero meritorio, decir tanto con tanta humildad de trama e imágenes
Dos cosas Bukowsky.
1- Eres feo (Tengo rencor por el artículo de las elecciones, pero supongo que acabará pasando cuando te diga “mamón” en algun acto que coincidamos, tras el cual unas birras… xD)
2- Me gusta el artículo.
Kazan es otro de esos genios que, en todo caso, no es comparable a esa “manera de hacer cine” (sic) de gente como Apichatpong Weeresethakul (risas al fondo).
@José: gracias, por ambas cosas.
Pues a mi el mejor opening que he visto en el cine es de Bela Tarr, en Werckmeister Harmoniak. Bellísimo.
Y no, para nada desprecio otros tipos de películas, de hecho las que más me gustan (como esa, por ejemplo) las suelo ver pocas veces porque hay que estar bastante por la labor para verlas.