La línea más esperada de la historia


Metro

“Niña, pero mira qué boquerones… guapa! guapa! son frescos frescos, para el estreno!”. Es día de fiesta en el barrio. Lo dice el pescadero mientras una nube de mujeres viene y va por el mercado. En la esquina, tres abuelos hablan de la libra y hacen cuentas: “más de 500 millones dicen… con eso tienen pa’ hacé las otras tres…“. Son las once de la mañana y las sombras suben calle arriba hasta la estación. Desde lejos, parece un templo de acero y cristal. En la puerta tres chicos inflan globos mientras el guardia los observa con curiosidad.

El tiempo ha hecho madurar cuarenta veces los naranjos de este barrio desde aquel primer proyecto. Cuarenta años que han caído sobre  la ciudad, como una marea levantada de  viviendas, de centros cívicos y colegios. “Yo tengo preparada la comida desde ayer. A las dos recojo a la niña y nos vamos al Prado con la fiambrera” dice una mujer joven ante las escaleras mecánicas de la estación de Amate.  El templete se abre como una boca abierta. Desde el fondo, ya rugen nerviosas las entrañas de la ciudad.

Un par de paradas más lejos surge la duda: “mejor dejar las cosas así los primeros días, no termino de fiarme…” comenta la jugada Marcos. Un pitido da la respuesta. Su furgoneta espera en doble fila como también esperan los vehículos de la policía en San Bernardo. Son las doce en punto y el sol pica sobre la caravana de chaquetas que traen los ejecutivos de la Junta y los Ayuntamientos. Están todos: Magdalena Álvarez, Chaves, Monteseirín, Zoido… seis hojas del periódico que toman vida de repente, el titular de la noticia se hace luz bajo los flashes mientras descorre la placa de  inauguración. Los fotógrafos laboran como abejas. Los chasquidos de las cámaras apenas interrumpen el rugido de los trenes.

En Puerta Jerez todo es prisa, ebullición de la ciudad que se derrama junto al río. Los camiones salen y entran en la obra de la estación. Aquí no hay estreno hoy. No hay descanso. Un obrero de ropa azul y amarilla da indicaciones a los coches. “Nosotros somos los pupas del metro” dice con una sonrisa en la que caben todas las palabras “mientras los demás celebran la apertura, nosotros curramos aquí sin parar“. El obrero recoge el casco blanco del suelo y levanta los brazos: “pero, ¿dónde te crees que vas? Por aquí no puedes pasar” grita a un coche. En Puerta Jerez no hay globos blanquiverdes.

A la 13:45 h. la estación del Prado es un astro plateado. Alrededor gravitan como satélites corros de ancianos, jóvenes con gafas de sol y pelo largo, redactores de prensa con hambre y caras de anuncio. Los guardias de seguridad se miran unos a otros. El interfono de la puerta suena y uno de ellos descorre la cinta con una solemnidad de siglos. Por un momento, todos son conscientes del tiempo. Una mujer baja las escaleras hasta el andén. Desde el fondo, rugen nerviosas las entrañas de la ciudad.

También publicada en el blog In Ictu Oculi.

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