De nuevo escribo desde una casa que no es la mía. Sigo sin atreverme a entrar en ese edificio tan antiguo… Ayer, cuando parecía que ya todo había finalizado, que no habría más movimientos (a pesar que desde el gordo de la pasada madrugada habíamos sentido unos cinco o seis, de menor intesidad) la tierra empezó a moverse de forma bastante agresiva. Por suerte, ahora estaba despierta y acompañada de una amiga. Al principio nos miramos, pensando que sería una réplica de unos dos o tres segundos, pero aquello duraba más de lo previsto y aumentaba la fuerza. Nos socorrimos debajo del marco de la puerta, las vecinas de arriba gritaban, lo que aumentaba el pánico que ya de por sí volvíamos a tener. Otra vez no, otra vez no, otra vez no… La gente salió a la calle inmediatamente. Yo me acerqué a casa para recuperar mi maleta con mis cosas más valiosas (mi PC y mi Nikon D-60) y comprobar que a mi compañera no le había sucedido nada. Ella no estaba allí, como había imaginado, así que tan pronto como me había hecho con todo mi arsenal salí disparada con mi amiga para la plaza central.
Allí se reunían muchísimas personas, cansadas ya de tanta broma de la naturaleza. Los Erasmus empezábamos a estar nerviosos, y más aún nuestros familiares. Todos nos decían que a qué esperábamos, que nos volviésemos para España por favor. Era hora de tomar decisiones, la cosa no estaba para juegos. Llamadas al consulado español en Nápoles, queremos respuestas, queremos información. No nos dicen nada, no tienen constancia de que en Teramo haya peligro. La maldita burocracia sale a escena y su aspecto no a cambiado: “¿Dónde dices que estás, en Teramo?”, “ah, pero ahí no ha pasado nada, ¿no?” ” ¿Tú has sentido el terremoto? Protección Civil no nos ha informado de nada…” En fin, que ya contactarán con nosotros. Algunos compran vuelos para despegar hoy desde Perugia, otros miran por internet qué posibilidades hay, está quien habla con amigos que vivan en otras zonas de Italia para alejarse un poco de la zona de alerta. De pronto, a las doce de la noche, empiezan a llegarnos respuestas: el cónsul español saldrá mañana por la mañana (hoy) desde Nápoles en un autobús con los nombres de todos los que aquí estamos, y nos mandan para Roma. Desde allí, suponemos, nos pondrán un avión para España. Nos aconsejan que nos vayamos de Italia… aunque más que nada supongo que será para salvarse las espaldas. No sé que podría pasarle a los del consulado si alguno de nosotros resultase herido o… bueno, dejémoslo. Así, en unas horas saldré con una maleta de mano, cuatro pantalones y poco más, hacia un destino que, en realidad desconozco.
Por otro lado, he de denunciar el morbo y el amarillismo con el que los medios de comunicación españoles están tratando el tema. Ayer una compañera salió en directo en el programa de María del Monte, en Canal Sur, y para quien lo haya visto aviso que no deben creerse la mitad. En Teramo realmente no ha sucedido nada, el alarmismo con el que se trató el tema es infundando. También, los reportajes que han salido publicados en el Diario de Córdoba dejan mucho que desear. En estos días, además de estar con el corazón en un puño, alerta ante la más mínima vibración, he sentido muchísima vergüenza propia de mi profesión.
Perdonad que no ponga los enlaces a los hechos que expongo, quizá la falta de datos es patente, quizá queráis otro tipo de crónica… Pero en mi defensa he de alegar que juego con el tiempo en contra y lo que menos me preocupa son las formas. Aún así os dejo dos fotillos que hice ayer, cuando ocurrió el segundo terremoto. Sí, los primeros derrumbes en Teramo…







8/04/09 at 15:02
Tengo una amiga de Erasmus en Milano y ya me ha contado que alucina con la burocracia italiana. La pobre pensaba que peor que en España no podía ser.
¡Muchos ánimos!