Hace unos meses entrevisté al periodista Ander Izaguirre (Blog):
Ander Izaguirre, periodista de viajes
“Cuanto más viajas más sientes que te quedan sitios por visitar”
Acaba de publicar el libro “Cuidadores de mundos”
“Siempre tienes más problemas con las autoridades que con los delincuentes”
“Los personajes de Cuidadores de mundos representan la bondad pura”
El donostiarra Ander Izaguirre es un periodista de viajes que, a sus 33 años, ya ha estado en todos los continentes de la Tierra, de sus expediciones alrededor del globo da cuenta el libro “Los sótanos del mundo”. Tras viajar por sitios como Argentina, Australia, Rusia o Groenlandia, ha escrito “Cuidadores de mundos” donde recoge historias de lugares y personas desconocidas del País Vasco y Navarra.
- ¿Quién es Ander Izaguirre?
Soy un periodista de San Sebastián dedicado al periodismo de viajes. Trabajo por mi cuenta, soy autónomo, aunque prefiero la palabra, “destajista”, por que trabajo sin sueldo fijo, cobrando por reportaje realizado. Me parece una palabra más bonita que “freelance”.
- ¿Cómo le surgió la vocación periodística?
Creo que es por la curiosidad y las ganas de conocer otras historias y a otras personas. El periodismo y el viaje son dos cosas con mucho en común, parten de un interés por acercarte al otro, conocer vidas peculiares, abrir las ventanas al mundo. Es un trabajo ideal, es un privilegio que a veces se fundan el ocio y el trabajo. Por suerte, a no todo el mundo le atrae lo mismo.
- Si no hiciese periodismo de viajes, ¿qué le gustaría hacer?
Yo empecé con mucha ilusión en el periodismo deportivo, sobre todo con el ciclismo, me gustaría seguir un Tour escribiendo las crónicas, me parece un deporte muy literario, aunque su credibilidad está en horas bajas. Escribí un libro, “Plomo en los bolsillos”, con historias del Tour pero no he seguido de periodista deportivo con continuidad.
Inicios
- ¿Cómo empezó en el periodismo de viajes?
Desde joven había viajado mucho, pero “Pangea” fue un momento clave. Tras terminar la carrera, estaba haciendo una tesis doctoral, pero no me convencía mucho. Un día cogí un atlas y empecé a fotocopiar América entera para hacer un plan de viaje en bici. En ese momento, entró el director de mi departamento y del susto y los nervios se me cayó el atlas y se desparramaron todas las hojas. Él debió de pensar que estaba fotocopiando algo de la tesis, me ayudó a recoger las hojas y empezó a ver fotocopias de Alaska, Canadá…
- ¿Fue ese el momento clave?
Ese mismo mediodía fui a casa y recibí una llamada de Josu Iztueta, el organizador de la expedición, me contó el proyecto y que necesitaba un periodista que supiese euskera. Recuerdo que antes de colgar le dije que iría seguro. Creo que nunca en mi vida he tomado una decisión tan importante, tan rápido y sin ninguna duda. Allí descubrí que eso era lo que quería hacer.
- Pasó de “Los sótanos del mundo” a “Vespaña” y “Cuidadores de mundos”, centrado en País Vasco y Navarra. ¿Le ayudó irse lejos para descubrir historias que tenía cerca?
Fue un proceso muy curioso; empecé con 23 años por la Patagonia en Argentina y, ahora con 32, escribo sobre el monte Ulía de San Sebastián, que es donde yo vivo. Paso de grande a pequeño y eso me ha ayudado a entrenar la mirada. Creo que no habría sido capaz de apreciar esas historias con 23 años porque, en ese momento, tuve la oportunidad de viajar por todo el mundo, viendo sitios peculiares y exóticos donde encuentras mil historias fascinantes. Con los años y los viajes, me di cuenta de que había historias y personas cerca que eran muy interesantes.
- ¿Cómo surgió el proyecto “Vespaña”?
La idea surgió de dar la vuelta a España, no me interesaban los monumentos ni las ciudades, quería conocer gente e historias curiosas de los pueblos. Primero pensé hacerlo en bicicleta, pero es un ejercicio muy exigente, y no descansas, la moto, en cambio, te permite tener velocidad y tiempo para buscar las historias. Además, la Vespa me venía perfecta para el título.
- ¿Cómo trazó la ruta?
Fue muy improvisada, tenía una ligera idea de lo que quería hacer, siguiendo el sentido de las agujas del reloj, pero no sabía cuánto tiempo iba a estar fuera ni por dónde iba a pasar. El objetivo era previo al periodismo o a la literatura, yo quería disfrutar viajando, tener libertad absoluta de destino.
- ¿Se lo planteó mas como vacaciones?
Muchas veces no sé si viajo por vacaciones o por trabajo. En los viajes, me llevo siempre un cuaderno y me obligo a documentarme, leer y hablar con gente, y conozco mejor los sitios gracias al periodismo y a esa obligación que me impongo de curiosear sobre ellos. Y si puedo recuperar el dinero del viaje publicando algo o con una charla, mucho mejor.
- ¿Con qué sitios se queda de “Vespaña”?
Hubo algunos que fueron un descubrimiento porque no esperaba encontrar nada, por ejemplo Ancares, una zona montañosa entre León y Lugo, que fue una de las zonas más aisladas y pobres de Europa donde, hasta hace 25 años, seguían viviendo en las pallozas en las que vivía la gente prerromana. Eso fue como un viaje en el tiempo.
- ¿Qué sitios le quedaron por visitar en este viaje?
Muchos, yo creo que cuanto más viajas más sientes que te quedan sitios por visitar. Ahora tengo muchas ganas de Castilla, en concreto, un capricho que tengo es Soria, desde el día que oí que en Europa había tres desiertos demográficos; Laponia en Finlandia, las Highlands escocesas y Soria.
Cuidadores de Mundos
- ¿Qué idea general se extrapola del libro “Cuidadores de mundos”?
Para mí significó el descubrimiento de personas muy generosas y humildes que hacen una tarea que casi nadie conoce, con una actitud de amor por el mundo que me descoloca. Cuando hablas de esta gente con otras personas te dicen que son unos locos. Pero empiezas a pensar porqué lo hacen; no presumen, no se quejan, gastan su tiempo y su dinero para hacer algo a favor de los demás. Mi conclusión final es que esta gente es buena, es la bondad más pura que he conocido.
- Tras leer el libro queda la sensación de que son las pequeñas historias las que mueven el mundo.
Yo cito a Jorge Luis Borges que hablaba de unos personajes de la tradición hebrea que son los que sostienen el mundo y, gracias a ellos, este es mejor. Me siento agradecido a esta gente por la labor que realizan y porque dan ejemplo.
- ¿Ha mantenido contacto posterior con los protagonistas del libro?
Sólo con algunos, pero me produce una satisfacción muy grande ver cómo ellos, que son personas muy humildes, ven reconocido su trabajo. He visto en ellos su pequeño orgullo al ver publicadas sus historias porque, a lo mejor, sus amigos o familiares no apreciaban su trabajo y ahora lo hacen más.
- ¿Cómo surgió el proyecto de “Cuidadores de Mundos”?
Fue un encargo de “El Diario Vasco” y “El Correo” para escribir una serie de reportajes sobre recorridos o excursiones cercanas en el País Vasco. Vi que tenía la oportunidad de publicar todos los días en unos periódicos con una gran tirada y me dije que; en lugar de hacer los reportajes de una ruta, que me parecía repetitivo y poco atractivo, me puse a buscar gente que conociese bien estos lugares para que me contasen cosas distintas. Sin embargo al hablar con esa gente me di cuenta que eran más interesantes ellos que los sitios, y así, esos lugares acabaron convirtiéndose en escenarios de fondo de gente que estaba allí.
- Todas las historias del libro transcurren en el medio rural, ¿en la ciudad es más difícil encontrar historias interesantes?
En las ciudades me siento más incomodo, se me hacen más inabarcables. Es una querencia natural. Además, la gente es distinta, en un pueblo es más fácil ponerte a charlar porque que llegues tú es el acontecimiento del día. En la ciudad hay más gente, todos vamos a lo nuestro, incluido yo.
- De todas las historias, ¿con cuál se queda?
La de Josetxo Mayor, que cuida los caminos del Monte Ulía (San Sebastián) todos los días desde hace 20 años. Fue muy especial porque era un sitio al lado de casa, en el barrio de Gros, donde yo me iba varias veces por semana a caminar sin saber quién limpiaba eso. Me di cuenta de que estaba haciendo lo mismo que hice en “Pangea” pero a un paso de casa, el mismo periodismo de viaje, documentándome, trabajando sobre el terreno.
- ¿Hay alguna historia que no haya incluido en el libro y que le hubiese gustado publicar?
De las escritas no se quedó ninguna fuera. Si que hay alguna que no llegué a escribir porque no me dio tiempo. Por ejemplo, en Baztán (Navarra) tras la II Guerra Mundial, hubo una estación de radar del ejército de EEUU. Me contaron que un soldado se casó con una chica de allí, pero escribir las historias depende de cada persona, quizás no quiera hablar o es muy seca.
- ¿Cómo contactó con estas personas?
Tuve ayuda de mucha gente, mandé correos electrónicos a muchos conocidos, rebusqué en revistas…. Hasta que se convirtió en una bola de nieve, al publicarse los artículos la gente me enviaba correos con nuevas historias.
- ¿Qué tal se está vendiendo el libro?
De mis libros es el más publicado, Altair es una editorial muy seria y lo mueven muy bien. Me llaman para charlas y la gente me escribe correos de agradecimiento que es lo que más me satisface. No te sirve para sacarte de pobre, pero me ha servido para divulgar estas historias que yo quería contar
- ¿De dónde surge la financiación para sus viajes?
En el caso de “Cuidadores de mundos” tenía un encargo previo y me pagaban por los reportajes que hacía. En otros, como “Vespaña”, me iba de viaje por placer sin mirar la rentabilidad económica. En “Pangea”, por ejemplo, me dejé todos mis ahorros, un millón de pesetas de las de entonces. Habrá quien piense que es una burrada de dinero para un viaje pero, gracias a él, pude escribir mucho y dar charlas. Mi manera de trabajar muchas veces no es rentable, pero si me plantease los viajes por su rentabilidad habría muchos que no hubiese hecho.
- ¿Es más fácil organizar viajes con poca gente?
Para trabajar y buscar historias no puedes estar atado a la disciplina de un grupo, necesitas margen y libertad. Para mí el de “Vespaña” fue un viaje muy importante, porque me hinché a viajar solo durante dos meses. Además, la ventaja de ir solo es que obedeces a tu capricho, cosa que en la vida real no puedes, no tengo que pactar con nadie si entrar en tal ciudad o desviarnos aquí o allá. Haces lo que te da la gana y, si metes la pata, te perdonas, que es muy fácil.
- ¿Qué cree que se necesita para el periodismo de viajes?
Lo primero; ganas, vocación y sentir que eso es lo que quieres y lo que más te apetece en la vida. En la base de todo está la curiosidad, tú interés sincero por conocer otras gentes, su forma de vida… Comprender esos modos de vida te ayuda a apreciar lo que tenemos aquí. Si alguien hace esto desde un punto de vista muy calculador, mirando el dinero, elige otro terreno.
- ¿Hay un límite de edad para su trabajo?
Cuando yo me fui con “Pangea” me decían que aprovechase entonces que podía, que luego no podría. Yo no me lo creí, y sigo sin creérmelo. Hay gente que tiene esa vocación y lo hace y no depende la edad. Es verdad que en la vida hay que prescindir de cosas, si tienes una familia, hijos, es más difícil hacerlo, yo con 33 años hago lo mismo que con 23 y espero seguir haciéndolo con 43 y con 53.
- ¿En algún momento de sus viajes ha sentido que su vida corría peligro?
Alguna vez he estado apurado, pero no tanto como para sentir peligro. En Rusia unos militares borrachos nos querían tirar los pasaportes al agua y nos chantajeaban. Al final siempre con las autoridades tienes más problemas que con los delincuentes. Tampoco me atrae la idea de la aventura, no disfruto con ello, me da más miedo perderme en el monte.
- ¿Qué influencias toma para su trabajo?
Creo que es importante leer mucho, sobre todo, para la redacción de los textos. Admiro a Ryszard Kapuscinski por su interés por comprender a los demás. De Nicolas Bouvier, me encanta su pausa a la hora de viajar. También Manuel Leguineche, un periodista de guerra, que sabe mirar a la gente y da importancia al uso del humor en los textos.
- ¿Qué proyectos tiene de futuro?
Tengo otros planes de viajes, e incluso para hacer una película en África. A veces, me veo haciendo muchas cosas a la vez, pero ¡bendito problema!, porque hay quien se aburre en la vida.





18/08/09 at 01:30
Tengo el gusto de haber conocido a Ander hace muchos años, más bien diría en la época en la que los estudios y la bici estabán unidos, y aquel muchacho que disfrutaba no sólo en las carreras sino en los momentos de ir y de volver es el mismo que ahora escribe las experiencias que le hacen crecer como persona y me alegro de que su forma de entender las cosas las pueda plasmar en un libro y sobretodo que los demás lo podamo sfrutar, Muxus de tu directora.
18/04/11 at 20:04
[...] el artículo de Antonio Pampliega en El País, que puede desalentar, o las historias del viajero Ander Izaguirre en su blog. Y por supuesto, también las crónicas incansables de mi amigo Jesús [...]