Por Gemma Jordán.
Mirando por la ventana de mi estudio, apenas me sitúo. Pensar que hace tres días estaba bañándome en las playas del Puerto de Santa María o en las de Isla Tavira (Portugal) me resulta irreal estar viendo como el cielo se ha cerrado y diluvia esta tarde sobre mi pueblo. Porque sé que soy valenciana y sé que vivo en Valencia, si no dudaría en si he cruzado, o no, mundos paralelos.Si en unas vacaciones uno tiene que ver y escudriñar en paisajes y costumbres y volver descansado y desconectado, entonces las mías han sido las ideales. O de cómo hacer periodismo mientras se viaja, pero sin hacer periodismo de viajes.

Eso sí, he de reconocerlo con la cabeza un poco gacha; de actualidad, cero patatero. Ayer mis progenitores me preguntaban; ¿y qué es lo que ha pasado con la Pajín y su web esa? ¿Sabes cómo ha quedado al final el matrimonio de jueces de Barcelona? ¿Sabes que por dónde tú estuviste hace apenas dos días, ahora está cayendo la mundial y hasta han muerto personas? Y yo con cara de perplejidad, masticando una croqueta de pollo con nuez moscada, sin saber de qué me estaban hablando.
Así que de repente me encuentro con algo de material decente sobre el que escribir: “Kramer contra Kramer” y sus paralelismos con la realidad actual (hay que ver lo que dan de sí las prácticas de algunas asignaturas de mi facultad) o un artículo de la mujer de Carlos Herrera, sobre la Ley de Aborto, que accidentalmente ha llegado a mis manos esta mañana. Pero con la cabeza todavía diluida entre la práctica de “snorkel”, el barbadillo y las cañaíllas del Romerijo y los baratos precios de algunos de los mejores campings de España, se me va todo.
Así que solamente diré que, la poca vergüenza de muchos políticos españoles que les lleva a permitir que en nuestro país, en lugar de buenas autovías, se construyan acojonantes autopistas, eso sí, de pago, para beneficio de unos pocos, nos lleva a muchos a pasar mil de “apoquinar” y dedicarnos a recorrer las tradicionales “nacionales” e incluso alguna que otra carretera autonómica. Y con ello te encuentras cruzando pueblos de la península profunda, pasando por al lado de la secta del Palmar de Troya, o grabando vídeos tontos de cómo te han impactado dos cosas; lo realmente desértica pero alucinógena que es Almería, y estar tan cerca de lo que para ti implica el otro lado de la península, Portugal.

De las autovías podemos pasar a los caminos de hierro y hablar del timo que realmente supone la Alta Velocidad Española, retrasada con respecto a otras, incómoda y lenta en sus obras, y cara de narices. Así que acabas cogiendo, de nuevo, el Regional (también conocido como Media Distancia, correo, ovejero o, más castizo de mi tierra todavía, “borreguero”) y cruzando paisajes inimaginables durante cinco horas y media para viajar de la capital estatal a tu pequeña patria; trayecto directo, sin transbordos y por apenas 20€, desde Madrid, a tu pequeño, recogido, y estos días, mojado Cheste.
En esos paisajes inimaginables para muchos, acabos cruzándote con escenas que una vez ya describí y que pueden llegar a ponerte la piel de punta; y te provoca deseos de bajar en cada una de las estaciones abandonadas, que son muchas, para que el reloj parado en ellas, las puertas y ventanas rechinantes (si es que las hay) y las vigas caídas le acaben contando a tus sentidos y a tu cámara de fotos la historia de esa estación y sus correspondientes poblaciones. Pero, si no quieres quedarte durante horas en medio de la nada, hay que conformarse con hacer alguna foto desde el vagón. A veces, estos viajes, de incómodos y largos, acaban siendo maravillosos.
Otros artículos de Gemma Jordán:





19/09/09 at 13:53
Donde es esa foto? me encanta
19/09/09 at 14:12
Hola “estiloyvida”. Imagino que te refieres a la primera; es Tavira, un pueblo costero de Portugal, creo que en el Algarve, porque estuve allí, pero no tengo claro si el Algarve llega hasta allí, o no. Bueno, lo dicho, Tavira, costa portuguesa, muy cerca de la frontera con Huelva.
Lo de la foto es una de las casas medio desconchadas que hay a la orilla del río que cruza la población (por cierto, qué limpio para ser de ciudad) y el hombre de espaldas en el agua, uno de los muchos que estaba mariscando.
23/09/09 at 22:42
[...] Post vacacional sin síndrome [...]