Archivo mensual: febrero 2010

En busca de las raíces, a través de internet

La tecnología como aliada

Julia intenta localizar, desde hace años, a la hermana de su abuela y a sus parientes en Rusia; para esta búsqueda que aún continúa aprendió a utilizar el e-mail y las redes sociales; cómo lo hizo.

Por Martina Rua, publicado en lanacion.com

Pregunta por su pelo y se lo acomoda. Durante toda la charla jugará con el cuello de su pulóver, coqueta, risueña, pero también melancólica, Julia Los (70), se sumerge en su historia y se anima a recordar las calles de San Petersburgo de 1920 , la revolución bolchevique, la hambruna, la huída a Bielorrusia, todo un pasado que conoció a través de las historias de su abuela a quien cuidó en la Argentina hasta el año 1990, cuando, a la edad de 100 años, falleció dejándole una tarea que la desvelaría hasta hoy: “mi abuela siempre me decía, cuando yo no esté seguí buscando a mi hermanita, y en eso estoy”, cuenta y así sintetiza una búsqueda que lleva casi dos décadas.

A partir de ahí, Julia comenzó la búsqueda de Natalia Krivicha, la hermana de su abuela y la de sus hijos Olga, Piot y Nicalai Yakovko, quienes siguieron intercambiando correspondencia con Argentina hasta el año 1937. “Fui rescatando los nombres y fechas, pero luego vino la segunda guerra en la que pereció más de un cuarto de la población de Beliorrusia y ese el principal problema para esta búsqueda”, se lamenta Los mientras acaricia una vieja foto de sus abuelos.

Julia estuvo casi 20 años buscando por buena parte de Europa utilizando todos los medios tradicionales: visitó embajadas, escribió a la Cruz Roja de toda Europa, visitó a la iglesia mormona, que cuenta con una gran base de datos genealógica, y a colectividades rusas en Argentina. Si bien todos estos intentos arrojaron luz sobre su pasado, ninguna aportó una pista cierta sobre su familia. Era hora de pensar otra manera de buscar.

Nueva etapa. “Un día escuché por la radio sobre una fundación que daba cursos de Continuar leyendo


Tuenti renueva su imagen

Así lo anuncia la red social más popular entre los jóvenes españoles en su blog “Una nueva fase visual para Tuenti” es el título de la entrada en la que se dan a conocer algunos detalles del rediseño en el que destacan los cambios que se han hecho en el apartado de vídeos.

El rediseño estiliza un poco más la interfaz de Tuenti, pero los elementos siguen estando en la misma posición salvo las fotos que pasarán a la barra lateral. No se trata por tanto de un gran cambio, aunque según Tuenti

Este nuevo interfaz hace que el contenido sea más relevante y, sobre todo, es lo suficientemente flexible para incorporar nuevas funcionalidades en el corto plazo.

Así que lo más interesante de este rediseño quizás sea lo que venga después. A la espera quedamos de recibir nuevas noticias, mientras tanto habrá que esperar a que se apliquen los cambios de diseño para verlos más allá del flickr de tuenti.


Elena: “¿Mi sueño? Lo típico, irme a vivir a un piso con mi novio”

Por Victor Navarro

Elena luce su uniforme de personal de limpieza sobre su ropa de calle. Ropa cómoda para una jornada de trabajo de unas diez horas, con poco tiempo para descansar. Limpiar las aulas, las habitaciones de la residencia, los pasillos y el comedor agota a cualquiera. Aunque si algo le sobra a esta mujer de treintaidós años es energía: “me encanta salir por ahí a bailar, pero a mi novio no. Por eso no salgo tanto”, comenta.

No siempre ha sido así. De pequeña, de hecho, prefería quedarse en casa a verse con la gente de su colegio. Cuenta que en su colegio, el típico centro escolar de barrio, no tenía amigos. Elena iba por su cuenta.

Suena a tópico, pero los niños son así de crueles. Y los no tan niños, también. Según avanzaban los cursos, la ausencia de amistad se convirtió casi en una enemistad. El clásico y terrible caso de bullying que acaba con la moral y la paciencia de cualquiera. Elena optó por hacer caso omiso, y se escapaba del colegio cuando lo necesitaba. Iba a casa.

A veces ignorar los problemas sirve, pero la carga se va haciendo cada vez más pesada y hay que desahogarla. Elena terminó por defenderse: “Les pegaba. Luego si se quejaban a los profesores, yo les decía que ellos me habían pegado a mi primero, y como yo era muy buena y sabían lo que había, no me decían nada” explica sonriente. Es muy buena, pero tiene genio, y no lo niega.

Este problema se solucionó cuando terminó su etapa escolar, pero roces como éste siempre dejan callos, si no cicatrices. “Me costaba mucho abrirme a gente nueva. No quería venir a este trabajo que tengo ahora porque me daba miedo empezar a conocer a gente. Ahora no me cuesta tanto, pero me cuesta”. No hacía falta que lo explicara. Su mirada, esquiva y vergonzosa, ya la delataba desde el primer momento.

Confiesa que no era buena estudiante. No se le daba bien, pero tampoco le ponía mucho interés. En clase iba a lo suyo, se sumergía en su imaginación, dibujaba y escribía. Escribía novelas y cuentos románticos, historias de esas que le encantan, como la saga Crepúsculo, que ha devorado ya varias veces. Por aquel entonces, le publicaron uno de sus relatos en la revista del colegio, “ahora no tengo tiempo para escribir, tengo mucho trabajo, pero todavía se me ocurren muchas ideas” se lamenta.

Elena se crió  con otros dos hermanos, la una, mayor que ella, y el otro, menor. Sus padres, cuenta, los criaron a todos por igual, sin hacer ninguna diferencia. Afirma que siempre han confiado en ella, la han educado para ser independiente y que siempre le han permitido decidir por ella misma. “Siempre he sido muy responsable y adulta”, dice, “y además nunca me han dado ataques de nada, si me hubieran dado, no me habrían dejado tanto”.

“Yo cuando voy por la calle no le hablo a ningún desconocido ni le hago caso a nadie.  Cuando salgo no le doy el número de teléfono a nadie ni la dirección a ningún desconocido” cuenta, para ilustrar ese sentido de la responsabilidad del que habla.

Y ha tomado siempre sus propias decisiones, con el permiso y el apoyo de su familia: un piercing, un tatuaje, su emancipación…

Elena comparte un piso tutelado con otras siete chicas. Se llevan bien. En la nevera, un papel organiza y reparte todas las tareas del hogar. Elena casi siempre se ocupa de la cocina.  Antes de entrar en el servicio de limpieza ha trabajado como cocinera, una tarea que le encanta, otra forma de creatividad. “Sobre todo me gusta hacer postres. Hago bizcochos, tartas…”, y con gran éxito, asegura.

Pero las aspiraciones de Elena son otras: “¿Mi sueño? Pues lo típico. Casarme, irme a vivir a un piso con mi novio…”, dice. Elena y su pareja llevan diez años juntos. Ella ahora está independizada en el piso tutelado, pero su novio vive en la casa familiar. Como tantas otras parejas jóvenes de este país, la crisis le pone freno a su independencia. Al menos ellos tienen trabajo.

La historia de Elena es una de esas que no se escriben ni se divulgan por ser corrientes, cotidianas, por seguir el patrón de lo que se considera “normalidad”. Una infancia complicada, una familia numerosa y trabajadora del extrarradio de Madrid, hermanos que discuten por tonterías y se reconcilian sin necesidad de pretextos, una estudiante sin mucho interés por las matemáticas que repitió un curso en el colegio antes de ponerse a trabajar, de ayudante de cocina primero, y de operario de limpieza después, una pareja joven que no encuentra piso… Son historias comunes, la del vecino, la del conocido, la del primo de un amigo. Son historias que no venden en la televisión ni en las revistas.

Por cierto, Elena tiene una discapacidad intelectual.


Los Intoxicados

Metrópolis y la máquina a imagen de algunos hombres.

Por José Ramón Otero Roko, publicado también en CineArte 16 y en el periódico quincenal Diagonal, (Culturas). Una versión ampliada aparecerá en “Cuadernos para el diálogo”. Rebelión, a su vez, también ha reproducido el texto de Diagonal. También ha sido tradudido al euskara en la revista Aldaketa.
¿Adonde llevaban estas escaleras? Las puertas se abrían rebotando contra los muros. ¿Los templos de las salas de las máquinas? Las deidades, las máquinas-dioses de Metrópolis. Todos los grandes dioses vivían en templos blancos. Baal y Moloch, Huitzilopochtli y Durgha. Algunos terriblemente sociables, otros espantosamente solitarios. Aquí, el carro divino de Juggernaut; allí, las Torres del Silencio; allá, la cimitarra de Mahoma; más allá, las cruces del Gólgota.
Y ni un alma, ni un alma en las salas blancas. Las máquinas, las máquinas-dioses estaban terriblemente abandonadas. Pero todas vivían, sí, todas vivían realmente una vida mejor, una vida ardiente.
Porque Metrópolis tenía un cerebro.
Metrópolis tenía un corazón.”

Thea von Harbou, “Metrópolis” p.144 Ed. Martínez-Roca.

Berlín revelará en su LX edición la copia restaurada de uno de los films míticos de la historia del cine y una de sus grandes obras maestras, “Metrópolis” (1926) de Fritz Lang. Después de su anterior restauración, en 2002, que añadía veintidós minutos adicionales, se encontró en 2008 en Argentina una copia en 16mm que contenía treinta minutos más y que ha dado lugar a un nuevo montaje, con escenas esenciales que hasta ahora sólo han podido ser vistas en un pase especial en el teatro San Martín de Buenos Aires. La Berlinale, el 12 de febrero, proyectará esta versión en el teatro Friedrichstadtpalast acompañada de la Rundfunk-Sinfonieorchester de Berlín, que será muy cercana a la que se estrenó en Alemania en enero de 1927.

Ambientada en 2027 la película escrita por la compañera de Lang, la novelista Thea von Harbou, simpatizante de los nazis en esa época y más tarde, en 1933, militante del NSDAP, cumplía los objetivos del nacional-socialismo alemán para movilizar a una opinión pública muy tocada con la crisis económica. El partido de Hitler tenía un gran enemigo, el anarquismo, el socialismo y el comunismo alemanes, que predominaban en las clases trabajadoras, pero tenía un enemigo aún mayor, los judíos, los cuales precisamente eran muy activos entre la clase obrera, técnicos cualificados, intelectuales, artistas y miembros de los cuerpos más avanzados del cambio social en Alemania, lo que para algunos era “la decadencia de la patria”. Siendo ese el objetivo era obvio que lo más fácil era señalar a sus más decididos activistas aliados con sus hermanos de religión, los financieros judíos, que provocaban las envidias de la burguesía alemana, favoreciendo de ese modo a los aristócratas y militares alemanes que habían perdido una guerra y que ansiaban tanto la desaparición de la agitación obrera como la de sus competidores económicos.

La copia de Metrópolis que tengo entre mis manos es la de dos horas y diecisiete minutos de duración, con música de Peter Osborne, del año 1988. Quizás la más ampliamente distribuida en la últimas dos décadas. Refutar hoy la obra de Lang como una astucia fascista sería minusvalorar su condición de obra de arte de la historia universal, pero resultará útil para el lector hacer una pausa detenida en cada una de sus secuencias iniciales y trasladar su inmortal valor de 1927 al siglo XXI, esperando que la profecía de Von Harbou no se cumpla dentro de diecisiete años. Invito al lector a acompañarme en lo que no es sino la visión cuidadosa de lo que la pantalla mostraba sin otra intención aparente que la de convencernos de un mero entretenimiento y aliviar las fatigas del ser humano de aquellos días con la imaginación que fomentaba el cine mudo.

Comienza el film declarando Continuar leyendo


La Taberna de soulinake se traslada a Sin Futuro

Pues sí, gente, me traigo mi taberna para Sin Futuro. Después de poco más de un año haciendo vídeos de cocina para Tinta Digital y en vista de las escasas aportaciones que hago al blog, he decidido empezar a colgar aquí los vídeos de La Taberna de soulinake.

Aparecerán de forma semanal (o eso intentaré) y uno o dos días después de que salgan en Tinta Digital. Aquí os dejo el último que he hecho, en colaboración con mi hermana: una receta de fideos japoneses con ternera al ajillo. ¡Qué aproveche!

Si queréis ver todos los vídeos que he hecho anteriormente, podéis ir a mi canal en YouTube, visitar mi videoblog personal o pasaros por Tinta Digital.

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CiberNews Febrero 2010 – El Ciber Concurso

El informativo de la fundación Cibervoluntarios lo reconvertimos en Concurso.


Lecciones de intimidad

A propósito de J.D. Salinger, ha muerto. Y con su muerte muchos periódicos han empezado a publicar aspectos desconocidos de su vida. Deben de estar defraudados, tanto editores como cotillas diversos. Ni era un misántropo, ni comía sus propias heces, ni odiaba el cine. Era un hombre normal, en una casa normal, en un pueblo normal. Había vendido millones de ejemplares de sus obras, pero prefería vivir retraído, alejado de la escena pública, anónimo. Era un marginado convencido, que consideraba a los escritores actuales unos simples “vende libros”.

Su círculo cercano le fue fiel hasta el final y nunca vendió a la prensa su intimidad, algo loable. Él murió, y su personaje, Holden Caulfield, sigue vivo. Nosotros, los reporteros y curiosos, hemos descubierto que, a diferencia de Holden, le gustaba el cine. ¡Aleluya! Hemos pasado 50 años confundiendo autor y creación, seremos palurdos. Pero el anonimato alimenta la leyenda, aunque no se quiera. Sería absurdo pensar que Salinger se iba de putas, estudió en Pencey o se pasaba el día preguntando: ¿adónde van los patos de Central Park en invierno?

Salinger amaba su intimidad y la defendía con rabia, hasta el punto de que en su foto más reciente aparecía amenazando al cámara. Lo tenía muy claro “los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”. Y él era un propietario afortunado.

Es difícil ser anónimo hoy en día, Internet nos ha globalizado a todos. Prueben a poner su nombre en la web, les sorprenderá ver, por ejemplo, que su teléfono fijo se puede localizar con relativa facilidad, o su correo electrónico, o aquella multa de tráfico. Yo también agradezco de vez en cuando un poco de notoriedad, sobre todo cuando escribo algo de lo que me encuentro orgulloso, pero la mayor parte de las veces el anonimato es un sentimiento agradable.

Parece como si querer intimidad fuese casi un delito, las redes sociales, o muchos medios de comunicación no tolerarían que usted y yo (si fuéramos noticia) deseásemos mantener nuestra vida privada al margen. Aunque esto parece ser una opción en alza entre los artistas “no convencionales”. Banksy y Blek le Rat se juegan su libertad cada vez que quieren exponer una creación, son grafiteros y, evidentemente, sin su anonimato, su integridad estaría amenazada por la policía, que les considera unos gamberros. Sólo reconocibles por sus obras, como le sucede a Salinger, a ellos les rodea un falso misterio. Jóvenes y famosos (puede que ricos), su actitud deja mucho que desear en esta sociedad “exhibicionista”. De ahí el misterio.

Otro artista misterioso es Johann Le Guillerm, que ha estado esta semana en Madrid presentando su espectáculo circense “Secret”. Es polémico (ha llegado a comparar el Cirque Du Soleil con McDonalds), transgresor y, como los anteriores, no deja que le hagan fotos de la cara. Le Guillerm, Banksy, Blek tienen en común manera de ver el arte, y una forma de afrontar la vida que antepone el reconocimiento de su obra al de su persona (por aquello de no confundir autor y creación). Justo lo contrario que los “vendedores de libros” que denunciaba Salinger, el marginado que cumplió su sueño (y el de Holden) de vivir apartado en una cabaña. Los raros éramos nosotros.


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