Archivo mensual: septiembre 2010

A vueltas con los supergrupos

Últimamente estoy observando en el mundillo de la música un fenómeno que, aunque ya existente, se ha vuelto a retomar con fuerza: músicos famosos o con una carrera musical consolidada se unen a otros para formar entre ellos otro grupo musical, son los llamados supergrupos. Aunque ser no suele lo normal, ya que en muchos casos se tratan de proyectos musicales paralelos cuyo miembros siguen en su grupo de origen o con su carrera en solitario, algunos de estos son muy consolidados, como Journey o Velvet Revolver, siendo este último muy conocido debido a que está formado por antiguos integrantes de Guns N’ Roses tras sus disputas con el vocalista, Axel Rose.

A continuación pongo a algunos de los más destacados que se han formado en los últimos tres años:

  • Them Crooked Vultures: Es uno de mis favoritos, en gran medida por los músicos que lo integran: Josh Homme de Queens of the Stone Age, Dave Grohl de Foo Fighters y  John Paul Jones de Led Zeppelin. Su disco, del mismo nombre que el grupo y publicado el 16 de noviembre de 2009, ha obtenido críticas muy favorables. Una muestra de este son las canciones que pongo ahí abajo, New Fang y Mind Eraser, No Chaser:

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Resistencia y compromiso

Mañana hay convocada una huelga general en todo el país. ¿Qué harás tú? Tienes múltiples opciones. Puedes ir a trabajar (suerte). Puedes no poder ir a trabajar por no tener manera de ir. Puedes querer ir pero darte la vuelta cuando veas doscientos mil piquetes en la puerta del trabajo. Puedes no ir a trabajar. Puedes no ir a trabajar y quedarte en casa. Puedes no ir a trabajar e ir a las manifestaciones, o de piquete. Puedes no ir a trabajar pero ir a ejercer tu oficio, como hará servidor.

Decidas lo que decidas y hagas lo que hagas, y aunque seguramente no te conozco a ti que ahora lees esto, te pido que reflexiones sobre lo que haces y por qué lo haces. Y, en especial, sobre qué conlleva lo que haces. Que si vas a trabajar sepas que ganas un día de sueldo pero que puede ser pan para hoy y hambruna para mañana. Que si vas a las concentraciones sepas que estás protestando y defendiendo un derecho, pero que tu voz se la apropiarán unos sindicatos apesebrados, hipócritas y conniventes con este Gobierno contra el que dicen protestar (y eso cuando algunos pierden el norte y protestan por algo que nada tiene que ver).

Pero esto no es un sermón ni un alegato propagándístico, sino una declaración de intenciones personales, algo que, probablemente, tampoco te interesará (y lo comprendo). Yo iré a la huelga, pero respeto lo que tú hagas. Si quieres ir a trabajar, respetaré tu derecho al trabajo, que también lo tienes. Porque ante cualquier derecho está la libertad de cada uno y, antes, la de cada uno para con los demás.

Para ir a la huelga hace falta mucha resistencia, de aquélla de las huelgas del XIX, tanto para hacer frente a los retos y peligros contra los que se echa mano de la huelga para luchar contra la huelga misma, sus enemigos internos y aquellos que la usan para manipular a los trabajadores y apropiarse de su fuerza. Yo voy a la huelga, pero voy libre y solo, sin nadie que me tome como arma arrojadiza, sin más bandera que mis derechos, por los que voy a pelear como nadie, ningún sindicato, ningún partido, va a pelear si no lo hago yo.

Pero si voy también es por ti. Porque además de resistencia, en una huelga hace falta compromiso. Para uno mismo, para con el que secunda la huelga con uno y también para el que no. Porque la solución a esta crisis que hemos creado entre todos -unos más y otros menos, pero entre todos- hay que encontrarla y aplicarla entre todos, cada uno según su responsabilidad y capacidad. Y para eso tenemos que estar unidos, y dar sin esperar más que aquello por lo que estemos dando.

Mañana, cuando tomemos el testigo de aquellos trabajadores del XIX que pasaban semanas de penurias y represión, de hambre y cajas de resistencia, debemos tomar el testigo de su compromiso y su solidaridad. Debemos pensar en ellos como debemos pensar en el otro. En que no luchamos por nosotros mismos, sino por la sociedad. Y luchar hasta las últimas consecuencias. Porque tenemos esa libertad y ese poder, y porque nadie lo hará por nosotros, pero nosotros sí podemos hacerlo por los demás. Porque nosotros, muchos de nosotros, tenemos un trabajo que defender. Otros, muchos, no tienen más para defender que su dignidad perdida en un semáforo, en las calles, en la nada.

Por eso yo voy a la huelga. ¿Qué harás tú?


Curso avanzado de orientación de voto bloguero-periodístico

Muy buenos díastardesnoches, amigos y odiadores oficiales del Sinfuturo.

¿Os acordáis cuando hace dos años nos nominaron por primera vez a los Premios Bitácoras como mejor blog periodístico y hace un año lo hicieron por segunda vez, y cómo perdimos a la primera y a la segunda? Es un bonito recuerdo (en verdad no), pero nosotros nos quedamos con el premio de los votos, los aplausos a reventar y el quedar sólo por detrás del más grande.

Hoy, ante los Bitácoras 2010, recordamos que prometimos andar con humildad y darle a cada uno su sitio. Así que os agradecemos vuestros votos pero os pedimos que no nos deis ni uno más, por tres razones.

La primera es que no le hemos dedicado al blog todo el tiempo que debíamos y merecía. Pero, ¡qué queréis! Somos unos tiesos precarios, y como tales hemos estado explotados en muchos otros sitios.

En segundo lugar, consideramos que nos dais votos que merecen otros estupendos periodistas que realmente se entregan a este maravilloso oficio y lo demuestran con lo que nos regalan en sus blogs. ¿De verdad no os da vergüenza votar a este hatajo de zánganos en lugar de a…

Y nuestra última pero más importante razón. En años anteriores presentamos nuestros respetos a los integrantes del jurado con sendos jamones de Jabugo. Nos acusan de querer sobornarles para que nos dieran el premio. Ah, y también nos atribuyen la autoría de ruedas pinchadas y lunas rotas en los coches de algunos miembros. Nah, patrañas.

Por eso, con educación os solicitamos que no nos votéis porque nos obligaréis a tener que presentar nuestros respetuosos sobornos al jurado y, como todo buen periodista, estamos tiesos del to. Si nos obligáis, también nos obligaréis a usar ese recurso de todo buen periodista que es partiros las piernas hasta que, a su vez, obliguemos al Gobierno a declarar miles de ayudas extraordinarias para cojos.

Hasta aquí nuestro curso avanzado de orientación de voto bloguero-periodístico, con el que os hemos manipulado como haría todo buen periodista. Si todavía queréis votarnos, os recomendamos que apreciéis la salud de vuestras piernas y que, como diría Fernando López de Artieta, volváis a leer esta entrada (y acaso el blog entero).


Estudiantes de periodismo, no lo hagáis nunca

No nos queda claro si la maestra le cortó la lengua a su alumno o si sólo lo amenazó con hacerlo. Al leer la noticia, nos damos cuenta que realmente no ocurrió ni una cosa, ni la otra.

El irresponsable del error ha demostrado cómo hacerse de la picha un lío, convirtiendo una noticia copyaste de sólo 18 líneas en el gazapo de la semana.


El colmo de la demagogia

La Junta dará hasta 1.800 euros a las mujeres que prueben vejaciones del franquismo

¿Qué culpa tenemos los andaluces de que Franco fuera un hijo de puta? Pues al parecer, toda. Y eso que la Junta de Andalucía se creó justo tras la muerte del dictador.

Mientras tanto, el estado español, único responsable subsidiario de la dictadura, se lava las manos  eludiendo responsabilidades, con una Ley de Memoria Histórica necesaria, sí, pero que se antoja insuficiente y limosnera, además de haber llegado macabramente tarde. Ni siquiera ha servido para anular las sentencias franquistas  y devolver así la dignidad de facto a aquellos que injustamente nos abandonaron.

Ahora, José Antonio Griñán intenta ponerse otra medallita en el pecho ante el electorado. Mientras tanto, Andalucía está sumida en el paro (27’7%), y nadie parece hacer nada por cambiar las tornas. Saquen sus propias conclusiones.


¿Todavía alguien cree en Zapatero?

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En este caso, además, constituye un manífico resumen de los 6 años que José Luis Rodríguez Zapatero lleva como presidente. Ya en su campaña electoral prometió un talante distinto y, al fin y al cabo, es lo único que ha ofrecido durante su legislatura. Al menos no nos engañó en eso.

Tras Mohamed VI, el próximo en lucir sonrisa profident ante las cámaras podría ser, por qué no, Peter Caruana. Así es como se resuelven los conflictos en España.


La cara oculta del timeline

(Si todo va bien y el consejo editorial lo permite, este relato será publicado como parte de El bazar de los locos, un libro colaborativo acerca de Twitter, tema que este relato trata como a mí me gusta, o sea, que no lo trata casi).

-Tú eres el hombre famoso más desconocido que jamás he visto. (Charles Bukowski, Mujeres)

Cuando despierto, entra olor a comida por la ventana. Se me revuelven un poco las tripas. Me levanto empalmado, así que el primer pensamiento del día es si sentarme delante del ordenador a masturbarme, idea que normalmente desecho porque no quiero pegarme una hora haciendo el imbécil delante de la pantalla. Así que vuelvo rascándome las pelotas al cuarto de baño y le hago el saludo militar a mis ojeras mientras echo una meada. Vomito y desaparece el dolor de estómago. De momento, al menos. Me enciendo un cigarro y bajo a la cocina. Debería intentar comer algo.

Se está empezando a ir la tarde y no he hecho apenas nada, que es una cosa muy entretenida de hacer, al menos durante las primeras dos o tres horas. Antes solía bajarme a algún bar del barrio a tomarme un café para llevar la tarde de forma más o menos digna, pero ya me he ido tantas veces sin pagar de todos los bares del barrio que si un día no aparezco cualquier dueño de bar o camarero podría ser vuestro hombre. El momento del café es la prueba de fuego del día para mi estómago: según cómo responde al café, sé la cantidad de alcohol que puedo echarle antes de que empiece a pegarme bocados y me deje rabiando de dolor. Mientras lo preparo suena el móvil. Es un mensaje de B., la ex novia de un amigo. Yo solía tirármela, pero hace un tiempo se destapó el asunto y dejamos de vernos porque hay muchas cosas que se pueden perder por un coño, pero un buen amigo no es una de ellas. Me vuelvo a recordar lo hipócrita que soy mientras me enciendo un cigarro. En el mensaje, me cuenta que lo han dejado ya del todo y que si me apetece quedar a lo largo de la semana para tomar un café. Sus cafés suelen acabar en su cama, así que le respondo que claro que me apetece y me vuelvo a la cocina, donde mi café hirviendo ha empezado a salpicar y mancharme la vitrocerámica.

Hace calor y el agua del hielo derretido mancha la mesa del ordenador. Soy demasiado vago para ir a por un papel o trapo para secarla -hay que bajar escaleras-, así que de este ritual diario la madera de la mesa ha empezado a cuartearse un poco. Estoy corrigiendo por decimonovena vez mi último libro, La Duda, aunque las últimas cinco veces todo lo que he hecho ha sido releerlo una y otra vez sin atreverme a tocar una sola coma. Estaba decidido a dejarlo tal cual y publicarlo, hasta que me he enterado de que la editorial donde lo iba a publicar se ha ido al carajo por falta de dinero. No sé por qué hay en esta versión del texto un verso con un signo de interrogación al lado. Seguramente lo anotaría mientras estaba borracho. Para intentar recordar, bajo a la nevera a por una cerveza. Abro el frigorífico y calculo mentalmente: son las ocho y media de la tarde; hasta la hora de la cena me da tiempo a beberme dos o tres. Como estoy seguro de que me dará pereza volver a bajar después, me subo directamente las tres cervezas de la nevera. Como hace calor, tendré que bebérmelas rápido.

Tras acabar la cerveza y los eructos de rigor (yo hubiera sido una persona educadísima en la cultura musulmana) es hora de preparar algo de comer si quiero seguir bebiendo. Y como quiero seguir bebiendo, bajo a la cocina. La decisión sobre la cena depende en gran medida de la cantidad de alcohol que lleve encima. Hoy toca pizza.

Me peleo con mi perra intentando ponerle la correa para sacarla a dar una vuelta. Alguien tendría que grabarme algún día haciéndolo: si me queda algún resquicio de dignidad, ésa sería la manera perfecta de perderla. Mi perra tiene estilo y anda como si fuera un chulo, pero ha salido al dueño en lo de ser gilipollas y se vuelve loca cuando ve que va a salir a la calle. Solía pensar que lo de sacar a pasear a la perra con el fresco de las primeras horas de la noche me servía para inspirarme, liberarme del ambiente cargado de la habitación y coger nuevas ideas para trabajar. Lo cierto es que últimamente vuelvo peor que salí, agobiado por la estupidez de las conversaciones que oigo de pasada, por el horrible sonido de las bocinas de los coches que se quejan de lo mal aparcados que están otros coches, y con unas ganas espantosas de echar un polvo con casi cualquier cosa. Éste es el momento en el que me agobio de verdad.

Son las once y acabo de aparcar el coche en casa de L. Me enciendo un cigarro mientras espero a que baje; éste siempre llega tarde, aunque quedemos en su casa. Mientras espero llega también M., que me cuenta alguna estúpida historia sobre lo buenas que están sus clientas de la peluquería. Yo me callo y fumo e intento sonreír como un imbécil; la mayoría de las cosas las hago como un imbécil. Por ahí baja L. y los saludos de rigor y ajustamos cuentas y ya estamos camino de Los Pajaritos para comprar la droga. Últimamente sólo venden pakistaní si quieres fumar, así que seguramente con diez gramos tengamos suficiente para toda la noche: cuatro caladas de eso y estás KO.

Son las tres de la mañana y llevamos toda la noche jugando a una modalidad de póker que hemos inventado nosotros y que yo llamo “póker de mierda”, fumando y hablando de las cosas de siempre: los tiempos en que íbamos al colegio, las mujeres y los Simpsons. Hacemos un brindis por el chino que nos ha vendido priva a las tantas. De repente nos estamos despidiendo y no importa mucho, porque tras ésta noche vendrán muchas otras como ésta y todas serán iguales. Voy camino de casa poniendo a prueba mi capacidad para conducir con resultados satisfactorios, cosa que me sorprende.

Estoy de vuelta y es el momento de ponerme a intentar trabajar en algo. Bajo de nuevo a la cocina y me preparo un Tanqueray con tónica. Me lo bebo despacio, fumándome cuatro o cinco cigarros en el proceso. Después de dejarlo reposar un par de minutos ya estoy preparado para ponerme a trabajar, así que bajo y me preparo otro. Después, tal vez hacer un poco de música, tal vez escribir un poco, o anotar algunas cosas en un cuaderno para recordarlas mejor mañana o yo qué sé.

Invariablemente viene luego la masturbación. Masturbarse fumado es de las mejores cosas que se me ocurren, porque todo excita mucho más. A la mitad, me doy cuenta de que me he olvidado ir a por el papel para limpiarme después. Eso me jode. Mucho.

Acabo de correrme y está sonando un despertador en algún lugar cercano. Miro a mi alrededor: botellines de cerveza por todas partes, un charco de agua cuarteando la madera de la mesa, dos vasos de cubata distintos por no fregar uno, el vaso del café en el que los posos ya han formado costra, y el humo concentrado del tabaco que se resiste a marcharse de la habitación aunque he abierto puertas y ventanas. Pienso en la cara que pondría mi madre si me viera así y noto que me duele el estómago. Voy al baño e intento vomitar, pero no lo consigo. Miro el calendario: otra vez miércoles. Resoplo: casi las siete. Otra vez se está haciendo de día.

Y esto es lo que probablemente nunca verás en mi timeline.


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