Me preocupa empezar a sonar como un viejo que cuenta batallitas, pero, sinceramente, últimamente no hago más que sorprenderme con el camino que ha ido tomando internet. Cuando a mí me regalaron internet por la comunión allá por ni me acuerdo cuándo ya (el 56k era entonces como wow, like Windows Vista), recuerdo que la súper innovación en comunicación en internet era el IRC. Cuando IRC-Hispano era todavía una mierda y lo que lo petaba realmente era el IRC de Terra (lo cerraron en 2002 o 2003, si mal no recuerdo). Por entonces yo, un prepúber que ni siquiera podía ver porno en el PC por la mísera velocidad de conexión, me reía de mi madre cuando se espantaba si salía en un informativo una noticia de gente de internet. Que qué peligroso era porque ahí nadie sabía quién era nadie, y que bajo el nick Mimosa24 podía estar el carnicero de enfrente que no veas cómo maneja el cuchillo, y que si luego te violan, etc. (ya ves tú). No os quiero ni contar cuando le dije, con 14 o 15 años, que me iba a mi primera kdd con gente del canal #tolkien del IRC (esto era alrededor de 2000 o por ahí, el uso masivo de internet todavía no existía).
Ahora ya mi madre no se asusta, pero es que tampoco tendría motivos. Ahora ya mi madre no tendría que preocuparse por Mimosa24 y por el carnicero de enfrente. Para empezar porque nos mudamos y ya compramos la carne en otra parte, y luego porque Mimosa24 ya no existe. Ahora la chica en cuestión es Ana García Quiñones (cualquier parecido con la realidad es mera concidencia), y la puedes encontrar en Tuenti, en Facebook, en Badoo, y donde haga falta. De hecho, aparte de su sexo real, podría averiguar si su rubio es natural o teñido, cuándo y por qué lo deja con su cuarto novio a través de su estado de Facebook, qué capítulo de Flash Forward estuvo viendo ayer, o la decoración del sitio al que fue el viernes con su grupo de amigas. De hecho, si yo hubiera conocido a Mimosa24 hoy en lugar de hace 8 años nunca habría llegado a hablarle: habría sabido, por uno de esos memes estúpidos que tan de moda puso Fotolog, que en su nick del messenger pone mayúsculas y minúsculas alternadas, lo cambia diez veces al día, y usa letras de David Civera. Como para hablarle.
A mí me gustaba internet, y me gusta, porque podía dedicarme a jugar. Porque yo elegía lo que quería enseñar de mí y lo que no, y si me apetecía hoy jugar a indios y vaqueros, pues jugaba. En una sociedad como la actual, donde ponemos el grito en el cielo por el derecho a la privacidad, nos falta tiempo para llegar a casa de fiesta y colgar 40 fotos en el Tuenti y actualizar el estado del Facebook para contarle a un montón de gente a la que no le importa lo contenta que estás y lo bien que lo has pasado. En el mundo ultraindividualista al que nos han arrojado, somos capaces de mirar raro a quien baja con nosotros en el ascensor, y somos capaces de no abrirle la puerta a los vecinos; pero oiga, en internet, tiene usted abiertas las puertas de par en par. Y no se preocupe: si no ha cotilleado usted lo suficiente, ahí tiene una lista de todos mis amigos (ésa es otra) para que rellene usted los huecos con la información que le falte.
Suerte que no uso Tuenti ni Facebook. Y que no soy como mi madre y yo suponíamos que era el carnicero de enfrente en mi barrio antiguo. Si no, la verdad, lo tendría muy fácil. Podría espiar a Minina24 (ay, la pobre e hipotética Ana) a través de sus redes sociales. Gracias a ello seguramente averiguaría con varios días de antelación el club al que le suele gustar ir con los amigos con los que le toca salir esta semana. Podría esperarla a que saliera del sitio, borracha (¡anda que no va puesta ni ná en las fotos!) y luego violarla y matarla, o yo qué sé, ese tipo de creatividades. Todo con una cámara de fotos en la mano, eso sí: es imprescindible, desde que existe el Tuenti, ir con una cámara a todas partes e inmortalizarlo todo.
Suerte que… disculpen que deje el artículo aquí, pero estoy reactivando mi cuenta de Facebook.