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Miradme, soy un unicornio retrasado.

Sexy Podcast 5

Una semana más volvemos Jesu y yo con el Sexy Podcast, aunque en esta ocasión con un episodio especial de Navidad, en el que hemos incluido una selección de blues y otra de deep house. Esperamos que disfrutéis mucho con él y que nos dejéis cualquier comentario, crítica, sugerencia o petición (musical o para que os saludemos). Y si lo preferís, también podéis hacerlo a través de nuestros twitters: Trisco y Bukowski.

Un saludo y feliz Navidad a todos.


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Odio los lunes: Quítatelo todo

Me preocupa empezar a sonar como un viejo que cuenta batallitas, pero, sinceramente, últimamente no hago más que sorprenderme con el camino que ha ido tomando internet. Cuando a mí me regalaron internet por la comunión allá por ni me acuerdo cuándo ya (el 56k era entonces como wow, like Windows Vista), recuerdo que la súper innovación en comunicación en internet era el IRC. Cuando IRC-Hispano era todavía una mierda y lo que lo petaba realmente era el IRC de Terra (lo cerraron en 2002 o 2003, si mal no recuerdo). Por entonces yo, un prepúber que ni siquiera podía ver porno en el PC por la mísera velocidad de conexión, me reía de mi madre cuando se espantaba si salía en un informativo una noticia de gente de internet. Que qué peligroso era porque ahí nadie sabía quién era nadie, y que bajo el nick Mimosa24 podía estar el carnicero de enfrente que no veas cómo maneja el cuchillo, y que si luego te violan, etc. (ya ves tú). No os quiero ni contar cuando le dije, con 14 o 15 años, que me iba a mi primera kdd con gente del canal #tolkien del IRC (esto era alrededor de 2000 o por ahí, el uso masivo de internet todavía no existía).

Ahora ya mi madre no se asusta, pero es que tampoco tendría motivos. Ahora ya mi madre no tendría que preocuparse por Mimosa24 y por el carnicero de enfrente. Para empezar porque nos mudamos y ya compramos la carne en otra parte, y luego porque Mimosa24 ya no existe. Ahora la chica en cuestión es Ana García Quiñones (cualquier parecido con la realidad es mera concidencia), y la puedes encontrar en Tuenti, en Facebook, en Badoo, y donde haga falta. De hecho, aparte de su sexo real, podría averiguar si su rubio es natural o teñido, cuándo y por qué lo deja con su cuarto novio a través de su estado de Facebook, qué capítulo de Flash Forward estuvo viendo ayer, o la decoración del sitio al que fue el viernes con su grupo de amigas. De hecho, si yo hubiera conocido a Mimosa24 hoy en lugar de hace 8 años nunca habría llegado a hablarle: habría sabido, por uno de esos memes estúpidos que tan de moda puso Fotolog, que en su nick del messenger pone mayúsculas y minúsculas alternadas, lo cambia diez veces al día, y usa letras de David Civera. Como para hablarle.

A mí me gustaba internet, y me gusta, porque podía dedicarme a jugar. Porque yo elegía lo que quería enseñar de mí y lo que no, y si me apetecía hoy jugar a indios y vaqueros, pues jugaba. En una sociedad como la actual, donde ponemos el grito en el cielo por el derecho a la privacidad, nos falta tiempo para llegar a casa de fiesta y colgar 40 fotos en el Tuenti y actualizar el estado del Facebook para contarle a un montón de gente a la que no le importa lo contenta que estás y lo bien que lo has pasado. En el mundo ultraindividualista al que nos han arrojado, somos capaces de mirar raro a quien baja con nosotros en el ascensor, y somos capaces de no abrirle la puerta a los vecinos; pero oiga, en internet, tiene usted abiertas las puertas de par en par. Y no se preocupe: si no ha cotilleado usted lo suficiente, ahí tiene una lista de todos mis amigos (ésa es otra) para que rellene usted los huecos con la información que le falte.

Suerte que no uso Tuenti ni Facebook. Y que no soy como mi madre y yo suponíamos que era el carnicero de enfrente en mi barrio antiguo. Si no, la verdad, lo tendría muy fácil. Podría espiar a Minina24 (ay, la pobre e hipotética Ana) a través de sus redes sociales. Gracias a ello seguramente averiguaría con varios días de antelación el club al que le suele gustar ir con los amigos con los que le toca salir esta semana. Podría esperarla a que saliera del sitio, borracha (¡anda que no va puesta ni ná en las fotos!) y luego violarla y matarla, o yo qué sé, ese tipo de creatividades. Todo con una cámara de fotos en la mano, eso sí: es imprescindible, desde que existe el Tuenti, ir con una cámara a todas partes e inmortalizarlo todo.

Suerte que… disculpen que deje el artículo aquí, pero estoy reactivando mi cuenta de Facebook.


Sexy Podcast 4

Una semana más, el señor Trisco y yo nos ponemos delante de los micrófonos, el patch pannel y la mesa de mezclas para traeros la mejor música. Esperamos que lo disfrutéis, dejéis vuestros comentarios, y que nos añadáis en twitter o nos enviéis audiocorreos para conseguir hacer del Sexy Podcast algo cada vez más interactivo. Que lo disfrutéis.

Tracklist

  1. Far East Movement feat. The Cataracs & Dev – Like a g6
  2. Only Paradise – You got the way (+)
  3. Cosculluela – Prrrum!
  4. Shakira – She wolf (Moto Blanco radio edit) (+)
  5. Snoop Dogg – I wanna rock
  6. Benjamin Diamond – Fit your heart (+)
  7. R. Kelly – Be my #2 (+)
  8. Dj Chus & David Penn – Baila
  9. T-Pain – Take your shirt off


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ACTUALIZACIÓN

Corregido el problema con el último tema del podcast. Ahora podéis escucharlo y bajarlo en condiciones.


Odio los lunes: Based on a true story

Based on a true story, además de la leyenda de aproximadamente el 80% de las películas de sobremesa de Antena 3, es el título del álbum debut de la banda neozelandesa Fat Freedy’s Drop. Tanto el grupo como el disco tienen sus peculiaridades y curiosidades en el proceso de formación. Por ejemplo, Fat Freddy’s Drop se compone de siete miembros estables, todos ellos neozelandeses, que se conocieron hacia finales de los 90 alrededor de las salas de conciertos de Wellington, a las que acudían a participar en las jam sessions de la época. Poco a poco, durante estos años, comenzaron a tocar juntos en diferentes garitos de la zona, pudiendo así tocar y perfeccionar muchas composiciones que luego llegarían a sus grabaciones de estudio.

Después de su establecimiento como grupo en 2001 (el nombre viene de la foto del Fat Freddy’s Cat que incluían algunos tipos de LSD que consumían por allá entonces), después de haber organizado varias jams propias, editaron su primera referencia, un directo que incluía cuatro cortes de dieciocho minutos cada uno. Ahí es nada. Sin embargo, no llegarían a Europa hasta el año 2003, con su single Midnight Marauders. Desde entonces hasta la fecha de lanzamiento de Based on a true story, comenzaron a sonar cada vez con más fuerza los nombres de Mu Faiumu, el improvisado líder de la banda, y Dallas Tamaira, un vocalista que recordaba a algunas de las voces más clásicas y smooth del soul.

El dos de mayo de 2006 aparece en las tiendas neozelandesas este Based on a true story, que para un servidor es una auténtica obra maestra. Un disco sin complejos de una banda sin complejos. Uno de esos casos en los que un grupo, haciendo lo que quiere y como quiere, manteniendo siempre su independencia -nunca han dejado de editar bajo su sello propio, The Drop-, han conseguido hacerse un hueco en el corazón del público y en el mercado. Un curioso dato: consiguieron estar muchas semanas en las listas de lo que más sonaba en la radio con el primer single del álbum, Wandering Eye. Una canción que dura 9:49 minutos. Ya me extrañaría a mí ver algo así hoy en día en España.

En fin, Based on a true story es una delicia para los aficionados a la música funk/dub/reggae/roots, que incluso se atreve con escarceos con el jazz más que satisfactorios. Es un disco para escuchar relajados, para liberar el alma, para acompañar de un gintonic en una tarde medianamente soleada y un buen pitillo de maría. Bueno, esto tal vez no hubiera debido recomendarlo, pero da igual. Algunos de los temás más reseñables, a mi juicio, son el ya citado Wandering Eye, así como el eterno Cay’s Crays o This Room.

Que lo disfruten.

Fat Freddy’s Drop – Based on a true story (Spotify link)


Odio los lunes y el costumbrismo americano

Cómo nos gusta poner titulares engañosos. En este Odio los lunes post-EBE vamos a hablar de pintura y de ilustración. Y de paso vamos a hablar de un tema que en Europa todavía no hemos terminado de entender ni de asumir: la doble personalidad de América. Para ello, vamos a usar a dos pintores/ilustradores que representan a la perfección cada una de esas caras: Edward Hopper y Norman Rockwell.

Edward Hopper quizá sea el gran pintor del costumbrismo americano. A pesar de la lenta evolución dentro del mismo patrón durante toda su carrera, quitando algunos escarceos con el primer impresionismo fruto de sus viajes de formación a Europa y que se ven en cuadros como éste (Soir Bleu, pintado en 1914), y de su negativa a tener nada que ver con las vanguardias pictóricas del siglo XX, Hopper es a día de hoy considerado por muchos el mejor pintor americano del siglo. Un hombre tan capaz de pintar la soledad en una habitación de hotel como en un puente o a campo abierto. Hopper es tal vez el mejor pintor de la Gran Depresión de América. Si hubiera que usar un pintor para explicitar las miserias del capitalismo, del liberalismo y del individualismo atroz, yo sin duda usaría cuadros como Nighthawks (1942). Hopper es el pintor de los viajes sin movimiento, de las miradas fuera de campo, y de una luz extraña que se cuela por las ventanas sin saber cómo ha llegado la mañana a esta casa. Su influencia en el cine también ha sido capital: el manejo de la luz de autores como Víctor Erice es heredero directo de algunos de los cuadros de hoteles del señor Edward -se puede ver claramente en la película El sol del membrillo-. Por cierto, desde que se casó en 1924 hasta que dejó de pintar en 1964, la única modelo femenina que usó para todos sus cuadros fue su mujer. Dejo una pregunta que no tiene nada que ver con este artículo: ¿puede una mujer ser todas las mujeres, si uno la ama lo suficiente?

Por otra parte, Norman Rockwell quizá sea la representación perfecta del buen vivir americano. De buena familia, respetado y apreciado por la sociedad y la crítica de su tiempo, de exitosa carrera, Rockwell es quizá un retratista de cierta vida americana donde Hopper es un analista. Contratado por el Saturday Evening Post cuando sólo tenía 21 años para dibujar sus portadas, muchos de los críticos modernos de arte han tendido a infravalorar a Rockwell acusándole de moralinero y de propagandista; y ciertamente, no se puede negar que lo fuera. Sin embargo, quedarse en esto no sería justo, puesto que durante algunas etapas de su vida el señor Rockwell fue uno de los grandes abanderados de ciertas luchas sociales a través de su posición en el periódico. Y a pesar de ello tuvo tiempo para crear cuadros como éste, que seguro que muchos reconocen.

Dejo aquí un par de comparaciones sobre la marcha de cuadros de Hopper y Rockwell y luego enlaces a galerías. Como todo el buen arte, habla por sí solo sin necesidad de ninguna explicación compleja, enrevesada y pedante. Luego, ustedes decidirán quién les gusta más. A mí, Hopper.

Morning Sun, de Edward Hopper.

Girl at the Mirror, de Norman Rockwell.

 

Freedom from fear, de Norman Rockwell.

Cine de Nueva York, de Edward Hopper.

 

Enlaces:


Lo que quiero es trabajar

Mis profesores de la Escuela de Bellas Artes de Leipzig, al ver que me dedicaba a experiencias abstractas junto con mis trabajos corrientes, me habían dicho: Id al Bauhaus, ése es vuestro lugar. Pero yo no quería ir ni atado, pues ya le había dicho a mi padre: No quiero ir a una escuela donde me enseñarán que un círculo es el símbolo de la eternidad, que un triángulo significa algo, que el color amarillo representa la feminidad o Dios sabe qué.

Esas cosas no hace falta saberlas…, yo jamás las he leído… Hasta ahora no he leído el libro de Kandinsky, De lo espiritual en el arte. No quiero leerlo… Ahora me dañaría todavía más que entonces. Hay cosas que no se pueden sacar a la luz: mueren, como ciertas plantas…

(Hans Hartung, Le Monde, 16-I-1969)


Odio los lunes y la excepción cultural

Tratar de analizar el comercio internacional de productos audiovisuales en el mercado globalizado actual del Siglo XXI no es tarea sencilla. No podemos hablar de productos culturales como si habláramos de lavadoras o reproductores de mp3, por dos motivos muy sencillos. El primero de ellos es que los productos culturales son la herramienta definitiva de un pueblo para establecer y perpetuar sus patrones culturales y sociales; es decir, son el mayor instrumento de generación y mantenimiento de identidad cultural definida, lo cual en principio podría ser un conflicto con un mercado globalizado donde no existen fronteras; en cierto sentido, la labor de estos productos podría ser la de delimitar fronteras y no la de anularlas. Por otra parte, no podemos olvidar que el consumo de productos culturales viene marcado por el carácter de éstos de bien de experiencia: es imposible saber si nos gusta o no hasta después de haberlo consumido. Esto actúa como barrera de entrada para productos generados por un patrón cultural distinto al nuestro propio: si no entiendo la forma de ver el mundo de un nigeriano, no entenderé la cultura que generen. Al no entenderla no me gusta y no la consumo. Como no se consume, no aumentamos la producción, porque no va a ver películas nigerianas nadie de fuera de Nigeria. Esto es un mal ejemplo porque, para los que no lo sepan, Nigeria es el primer productor mundial de cine en cuanto a volumen. Pero el ejemplo se entiende.

Así pues, en Europa se estableció hace ya tres o cuatro días la aplicación de la excepción cultural, esto es, que las reglas de libre mercado que se aplican en la Unión Europea para el resto de productos no sean aplicables a los productos culturales. La implantación de esta exención trajo cola en su día y aún la sigue trayendo hoy. La razón que se dio inicialmente para la aplicación de la excepción es que era el único modo de preservar las identidades nacionales dentro de la UE, el único modo de defenderse del gigante americano que llena nuestras salas de cine, nuestras televisiones y nuestras librerías. Lo que es cierto, en todo caso, es que en Polonia más del 90% del cine consumido es estadounidense, y no ha sido un país precisamente muy influenciado por EEUU hasta la caída del telón de acero, y que la excepción cultural a efectos prácticos lo que hace es proteger el mercado nacional de producción de cultura a través de ayudas y subvenciones a las empresas. Continuar leyendo


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