Archivo del Autor: Redacción SinFuturo

Podcast: “Córdoba ecuestre”

Por Gemma Jordán

Un podcast de Gemma Jordán.
Emitido en El Laboratio de la Cadena COPE, en el verano de 2008.


La abuela del semáforo


Por Jack Daniel’s

La encrucijada de la Avenida de Andalucía y la Ronda del Tamarguillo en Sevilla es un enjambre de semáforos enfrentados, una selva de tráfico ruidoso y sirenas por donde aborda la ciudad todo aquel que viene de Andalucía oriental.

En ese imbricado cruce de calles, avenidas y vías de servicio, cada semáforo lleva adherido, como si de un apéndice se tratara, un inmigrante de color que vende pañuelos a los conductores.

Sin embargo, en el que te recibe cuando llegas a la ciudad, te asalta la sorpresa de una anciana amable y sonriente, de raza blanca, pelo cano y mirada intensa, que transita la mediana enfundada en una vestimenta fluorescente y con el brazo levantado sosteniendo un paquete de pañuelos de papel. Es como si te invadiera de repente la visión de tu propia abuela, que ha abandonado la butaca de la terraza de su casa y se ha lanzado a la calle a buscarse unas perras. Se llama Avelina, una inmigrante georgiana de 69 años a quien todo el mundo conoce ya como “la abuela del semáforo”.

Avelina no es una vendedora de pañuelos al uso. No se acerca a la ventanilla de los vehículos nada más se detiene el tráfico para ofrecer su mercadería, permanece horas mostrándose mientras camina la mediana y sólo se aproxima a los coches cuando es requerida por su conductor.

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Publicidad en medios digitales

Por Álvaro Marchante

  1. ACERCAMIENTO A  LA PUBLICIDAD ONLINE

Esta sección no intenta ser explicativa desde la teoría, sino desde la práctica. Por ello se soportará sobre estudios estadísticos sobre el uso y la evolución de los medios digitales y sobre cuatro expertos en la materia: Enrique Dans (considerado gurú en los nuevos medios digitales), Ramón López Lax (Responsable de Business Inteligence Internet en BOX News Publicidad S.L., empresa que gestiona toda la publicidad online del grupo Prisa) y Yago Castillo (ex Director Comercial de Internet de Vocento) y Antonio Fumero (experto en gestión tecnológica e innovación).

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¡Ampliamos el Concurso de Periodismo Digital de SinFuturo!

Debido a la afluencia de trabajos presentados en las últimas semanas así como a diversas solicitudes que nos han realizado, la redacción de este blog ha decidido ampliar durante una semana más la recepción de trabajos para el Concurso de Periodismo Digital.

Ahora, gracias a esta ampliación, los que aún no habéis presentado vuestros trabajos disponéis de un nuevo plazo para hacerlo. Este plazo concluye a las 23.59 horas (horario español peninsular) del domingo 7 de marzo. Los trabajos los podéis enviar al correo de nuestro blog.

Por supuesto, como ya sabéis, y si no lo sabéis para eso os lo indicamos aquí, podéis consultar toda la información y requisitos sobre el Concurso de Periodismo Digital de SinFuturo en el apartado de nuestro blog dedicado a él.

¡Ánimo, suerte y a hacer periodismo!


En busca de las raíces, a través de internet

La tecnología como aliada

Julia intenta localizar, desde hace años, a la hermana de su abuela y a sus parientes en Rusia; para esta búsqueda que aún continúa aprendió a utilizar el e-mail y las redes sociales; cómo lo hizo.

Por Martina Rua, publicado en lanacion.com

Pregunta por su pelo y se lo acomoda. Durante toda la charla jugará con el cuello de su pulóver, coqueta, risueña, pero también melancólica, Julia Los (70), se sumerge en su historia y se anima a recordar las calles de San Petersburgo de 1920 , la revolución bolchevique, la hambruna, la huída a Bielorrusia, todo un pasado que conoció a través de las historias de su abuela a quien cuidó en la Argentina hasta el año 1990, cuando, a la edad de 100 años, falleció dejándole una tarea que la desvelaría hasta hoy: “mi abuela siempre me decía, cuando yo no esté seguí buscando a mi hermanita, y en eso estoy”, cuenta y así sintetiza una búsqueda que lleva casi dos décadas.

A partir de ahí, Julia comenzó la búsqueda de Natalia Krivicha, la hermana de su abuela y la de sus hijos Olga, Piot y Nicalai Yakovko, quienes siguieron intercambiando correspondencia con Argentina hasta el año 1937. “Fui rescatando los nombres y fechas, pero luego vino la segunda guerra en la que pereció más de un cuarto de la población de Beliorrusia y ese el principal problema para esta búsqueda”, se lamenta Los mientras acaricia una vieja foto de sus abuelos.

Julia estuvo casi 20 años buscando por buena parte de Europa utilizando todos los medios tradicionales: visitó embajadas, escribió a la Cruz Roja de toda Europa, visitó a la iglesia mormona, que cuenta con una gran base de datos genealógica, y a colectividades rusas en Argentina. Si bien todos estos intentos arrojaron luz sobre su pasado, ninguna aportó una pista cierta sobre su familia. Era hora de pensar otra manera de buscar.

Nueva etapa. “Un día escuché por la radio sobre una fundación que daba cursos de Continuar leyendo


Elena: “¿Mi sueño? Lo típico, irme a vivir a un piso con mi novio”

Por Victor Navarro

Elena luce su uniforme de personal de limpieza sobre su ropa de calle. Ropa cómoda para una jornada de trabajo de unas diez horas, con poco tiempo para descansar. Limpiar las aulas, las habitaciones de la residencia, los pasillos y el comedor agota a cualquiera. Aunque si algo le sobra a esta mujer de treintaidós años es energía: “me encanta salir por ahí a bailar, pero a mi novio no. Por eso no salgo tanto”, comenta.

No siempre ha sido así. De pequeña, de hecho, prefería quedarse en casa a verse con la gente de su colegio. Cuenta que en su colegio, el típico centro escolar de barrio, no tenía amigos. Elena iba por su cuenta.

Suena a tópico, pero los niños son así de crueles. Y los no tan niños, también. Según avanzaban los cursos, la ausencia de amistad se convirtió casi en una enemistad. El clásico y terrible caso de bullying que acaba con la moral y la paciencia de cualquiera. Elena optó por hacer caso omiso, y se escapaba del colegio cuando lo necesitaba. Iba a casa.

A veces ignorar los problemas sirve, pero la carga se va haciendo cada vez más pesada y hay que desahogarla. Elena terminó por defenderse: “Les pegaba. Luego si se quejaban a los profesores, yo les decía que ellos me habían pegado a mi primero, y como yo era muy buena y sabían lo que había, no me decían nada” explica sonriente. Es muy buena, pero tiene genio, y no lo niega.

Este problema se solucionó cuando terminó su etapa escolar, pero roces como éste siempre dejan callos, si no cicatrices. “Me costaba mucho abrirme a gente nueva. No quería venir a este trabajo que tengo ahora porque me daba miedo empezar a conocer a gente. Ahora no me cuesta tanto, pero me cuesta”. No hacía falta que lo explicara. Su mirada, esquiva y vergonzosa, ya la delataba desde el primer momento.

Confiesa que no era buena estudiante. No se le daba bien, pero tampoco le ponía mucho interés. En clase iba a lo suyo, se sumergía en su imaginación, dibujaba y escribía. Escribía novelas y cuentos románticos, historias de esas que le encantan, como la saga Crepúsculo, que ha devorado ya varias veces. Por aquel entonces, le publicaron uno de sus relatos en la revista del colegio, “ahora no tengo tiempo para escribir, tengo mucho trabajo, pero todavía se me ocurren muchas ideas” se lamenta.

Elena se crió  con otros dos hermanos, la una, mayor que ella, y el otro, menor. Sus padres, cuenta, los criaron a todos por igual, sin hacer ninguna diferencia. Afirma que siempre han confiado en ella, la han educado para ser independiente y que siempre le han permitido decidir por ella misma. “Siempre he sido muy responsable y adulta”, dice, “y además nunca me han dado ataques de nada, si me hubieran dado, no me habrían dejado tanto”.

“Yo cuando voy por la calle no le hablo a ningún desconocido ni le hago caso a nadie.  Cuando salgo no le doy el número de teléfono a nadie ni la dirección a ningún desconocido” cuenta, para ilustrar ese sentido de la responsabilidad del que habla.

Y ha tomado siempre sus propias decisiones, con el permiso y el apoyo de su familia: un piercing, un tatuaje, su emancipación…

Elena comparte un piso tutelado con otras siete chicas. Se llevan bien. En la nevera, un papel organiza y reparte todas las tareas del hogar. Elena casi siempre se ocupa de la cocina.  Antes de entrar en el servicio de limpieza ha trabajado como cocinera, una tarea que le encanta, otra forma de creatividad. “Sobre todo me gusta hacer postres. Hago bizcochos, tartas…”, y con gran éxito, asegura.

Pero las aspiraciones de Elena son otras: “¿Mi sueño? Pues lo típico. Casarme, irme a vivir a un piso con mi novio…”, dice. Elena y su pareja llevan diez años juntos. Ella ahora está independizada en el piso tutelado, pero su novio vive en la casa familiar. Como tantas otras parejas jóvenes de este país, la crisis le pone freno a su independencia. Al menos ellos tienen trabajo.

La historia de Elena es una de esas que no se escriben ni se divulgan por ser corrientes, cotidianas, por seguir el patrón de lo que se considera “normalidad”. Una infancia complicada, una familia numerosa y trabajadora del extrarradio de Madrid, hermanos que discuten por tonterías y se reconcilian sin necesidad de pretextos, una estudiante sin mucho interés por las matemáticas que repitió un curso en el colegio antes de ponerse a trabajar, de ayudante de cocina primero, y de operario de limpieza después, una pareja joven que no encuentra piso… Son historias comunes, la del vecino, la del conocido, la del primo de un amigo. Son historias que no venden en la televisión ni en las revistas.

Por cierto, Elena tiene una discapacidad intelectual.


Los Intoxicados

Metrópolis y la máquina a imagen de algunos hombres.

Por José Ramón Otero Roko, publicado también en CineArte 16 y en el periódico quincenal Diagonal, (Culturas). Una versión ampliada aparecerá en “Cuadernos para el diálogo”. Rebelión, a su vez, también ha reproducido el texto de Diagonal. También ha sido tradudido al euskara en la revista Aldaketa.
¿Adonde llevaban estas escaleras? Las puertas se abrían rebotando contra los muros. ¿Los templos de las salas de las máquinas? Las deidades, las máquinas-dioses de Metrópolis. Todos los grandes dioses vivían en templos blancos. Baal y Moloch, Huitzilopochtli y Durgha. Algunos terriblemente sociables, otros espantosamente solitarios. Aquí, el carro divino de Juggernaut; allí, las Torres del Silencio; allá, la cimitarra de Mahoma; más allá, las cruces del Gólgota.
Y ni un alma, ni un alma en las salas blancas. Las máquinas, las máquinas-dioses estaban terriblemente abandonadas. Pero todas vivían, sí, todas vivían realmente una vida mejor, una vida ardiente.
Porque Metrópolis tenía un cerebro.
Metrópolis tenía un corazón.”

Thea von Harbou, “Metrópolis” p.144 Ed. Martínez-Roca.

Berlín revelará en su LX edición la copia restaurada de uno de los films míticos de la historia del cine y una de sus grandes obras maestras, “Metrópolis” (1926) de Fritz Lang. Después de su anterior restauración, en 2002, que añadía veintidós minutos adicionales, se encontró en 2008 en Argentina una copia en 16mm que contenía treinta minutos más y que ha dado lugar a un nuevo montaje, con escenas esenciales que hasta ahora sólo han podido ser vistas en un pase especial en el teatro San Martín de Buenos Aires. La Berlinale, el 12 de febrero, proyectará esta versión en el teatro Friedrichstadtpalast acompañada de la Rundfunk-Sinfonieorchester de Berlín, que será muy cercana a la que se estrenó en Alemania en enero de 1927.

Ambientada en 2027 la película escrita por la compañera de Lang, la novelista Thea von Harbou, simpatizante de los nazis en esa época y más tarde, en 1933, militante del NSDAP, cumplía los objetivos del nacional-socialismo alemán para movilizar a una opinión pública muy tocada con la crisis económica. El partido de Hitler tenía un gran enemigo, el anarquismo, el socialismo y el comunismo alemanes, que predominaban en las clases trabajadoras, pero tenía un enemigo aún mayor, los judíos, los cuales precisamente eran muy activos entre la clase obrera, técnicos cualificados, intelectuales, artistas y miembros de los cuerpos más avanzados del cambio social en Alemania, lo que para algunos era “la decadencia de la patria”. Siendo ese el objetivo era obvio que lo más fácil era señalar a sus más decididos activistas aliados con sus hermanos de religión, los financieros judíos, que provocaban las envidias de la burguesía alemana, favoreciendo de ese modo a los aristócratas y militares alemanes que habían perdido una guerra y que ansiaban tanto la desaparición de la agitación obrera como la de sus competidores económicos.

La copia de Metrópolis que tengo entre mis manos es la de dos horas y diecisiete minutos de duración, con música de Peter Osborne, del año 1988. Quizás la más ampliamente distribuida en la últimas dos décadas. Refutar hoy la obra de Lang como una astucia fascista sería minusvalorar su condición de obra de arte de la historia universal, pero resultará útil para el lector hacer una pausa detenida en cada una de sus secuencias iniciales y trasladar su inmortal valor de 1927 al siglo XXI, esperando que la profecía de Von Harbou no se cumpla dentro de diecisiete años. Invito al lector a acompañarme en lo que no es sino la visión cuidadosa de lo que la pantalla mostraba sin otra intención aparente que la de convencernos de un mero entretenimiento y aliviar las fatigas del ser humano de aquellos días con la imaginación que fomentaba el cine mudo.

Comienza el film declarando Continuar leyendo


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