Es triste llegar a casa después de un día de curro y encontrarte la trágica noticia del paradero de Marta del Castillo. Por unas semanas, Marta ha estado dentro de nuestro pensamiento, de nuestro corazón y creo que todos queríamos un final feliz. Un final feliz que lamentablemente no ha llegado…
Ahora cuando todavía las informaciones, en algunos casos, son contradictorias y todavía no se sabe con certeza todos los detalles del caso, estoy pegado a la televisión, a la radio, a internet y no se me quita de la cabeza que le puede llevar a una persona a hacer un acto de este tipo. A jugar con la vida de una persona, a jugar con su futuro, con sus ilusiones, con todas aquellas cosas que le quedaban por vivir. Quién es él para contar todo ello.
Todavía me quedo perplejo de cómo puede haber gente en el mundo capaz de hacer atrocidades de este tipo. Se me viene a la mente el caso de Sandra Palo, de Mari Luz y ahora de Marta del Castillo Casanueva y sigo sin dar crédito.
La verdad es que, a pesar de no conocerla, el sentimiento que tengo de pena es algo que me invade todo mi cuerpo, un sentimiento de impotencia que no tengo palabras para describirlo.
Hoy no voy a poner ninguna foto, ni ningún video, incluso no voy a escribir más porque las palabras se resisten de salir de mis dedos. Hoy es un día para mirar al cielo y pedir que cosas como estas no vuelvan a ocurrir y pedir que mañana cuando me vuelva a levantar, el caso de Marta del Castillo no hubiera ocurrido.
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