Vaya con el articulito que el señor Antonio Burgos se marcó el pasado sábado día 26 de septiembre en ABC de Sevilla. A pesar de que ahora, con los tiempos que corren, tiene más fácil que nunca arremeter a la yugular de Zapatero, el PSOE, la crisis y de toda su casta entera, precisamente va ahora y saca -vuelve a sacar- los pies del tiesto, desmarcándose con un artículo de opinión que queda absolutamente fuera de contexto. Si ya me sorprendió el día que criticó a los sevillanos por ir vestidos en verano con calzonas y manga corta por la calle, argumentando que a 50º bajo el sol lo mejor era ir en chaqueta como hacían los madrileños, el texto en el que me centro ya clama al cielo o, mejor dicho, a la justicia, que bien debería tomar cartas en el asunto urgentemente.
Su artículo se llama “Las Andreítas de Zetaparo”, y tal es el estado de exaltación -o de posesión por el mismísimo demonio, diría yo- del citado articulista, que no sólo supera todos los códigos éticos, sino que también llega a atentar contra el honor y el derecho a la infancia de las hijas de Zapatero, aún menores de edad, a las que se refiere diciendo cosas como:
Que las niñas de Zetaparo eran dos callos horrorosos lo sabían los más íntimos en La Moncloa, pero ahora se ha enterado España entera. Son de salir corriendo. Yo no sé si es porque iban vestidas de Jalogüín, o porque lucían el uniforme oficial de los góticos, pero tú te encuentras a las 12 de la noche con estas puñeteras niñas en una calle oscura, se te acercan, un poner, a preguntarte dónde para el autobús de Alcosa, y del salto que pegas del susto llegas corriendo a Carmona.








