Por Alba Cuadra.
Músico, nacido en Nazaret, residente en Tela-viv, criado en la creencia zionista, me habló de la granja biológica productora de aceite de oliva que tiene su familia, de lo histórica, cultural e intensamente religiosa que es Jerusalén y lo cosmopolita e interesante que es Telaviv. Así encauzamos la conversación, a través de la religión y la festividad musulmana que se celebraba en el país que estamos visitando, para hablar del problema político-religioso que sufre Israel con Palestina.
Me confirmó barbaridades, como la invasión de más de 200 colonias israelíes en la cima de las colinas palestinas, que
destruyen con sus residuos la agricultura que da de comer a la población local de los valles. ¿ Quién es capaz de vivir en una casa ofrecida por el estado a un precio mucho más barato viendo cómo destruyen el medio de vida de gente humilde?-le pregunté- “Los fanáticos religiosos de mi país”- dijo él- De 7 millones de habitantes que tiene Israel, 3000 personas han ocupado territorio palestino.
“Nuestro problema es un nacionalismo disfrazado de religión” Da igual judío o musulmán, la diferencia reside entre israelita o palestino.
A parte de los conflictos internos que tiene el Estado de Palestina para su unificación, el muro que está construyendo Israel alrededor de sus colonias para “proteger” a los invasores, impide físicamente la unificación del pais. Lo que dificulta la vida de los palestinos, les han impedido poder llegar al pueblo vecino siquiera. El viajero israelí respondió que a lo mejor era otra barbaridad cometida por sus compatriotas, pero que desde que se construyó el muro los bombardeos en su país habían cesado. “Antes del muro cada cuatro días aparecía en las noticias la muerte de varias personas a causa de una bomba, éso ya no ocurre”. Continuar leyendo




Por Alba Cuadra.
La frase mas escuchada en boca de un local (“you never try, you never know”) normalmente se oía ante un poco de comida de aspecto dudoso y con la certeza de que iba a picar hasta saltarte las lágrimas.
Por Alba Cuadra.
Esta isla te sorprende con su gente y sus quehaceres: las ofrendas tres veces al día en la puerta de casa, negocios, coches y motos, las ceremonias en los templos, el regateo contínuo por evitar un precio cuatro veces mayor por ser “bule” -como ellos denominan a los extranjeros-, el arroz como base para desayunar, comer y cenar, el ambiente distendido sin prisas ni estreses y la locura de esquivar motos camiones y autobuses a la hora de conducir. Pero pasados unos meses me siento sumergida en la vida balinesa y me parece lo mas normal darle los buenos dias a la abuelita de mi familia adoptiva, rendirle cuentas a la mamá de la casa acerca de dónde he estado, qué voy a comer o dónde voy a esas horas de la noche.




