Estos han sido días extraños y difíciles para el alumnado universitario. Concretamente, los estudiantes de la Universidad de Sevilla (desconozco si esto de la automatrícula ha terminado por envolver todo el país) hemos tenido que volver a ese ritual tan complicado y discutiblemente moderno de la automatrícula.
Un pequeño inciso: hace dos años, cuando empecé la carrera, entré a trabajar como teleoperador en Ya.com. Era interesante eso de que tenía que estar hasta media hora antes de mi hora de entrada para fichar (larga cola, pocos bolis) y encontrar un ordenador donde “loguearme” porque si lo hacía tarde me lo descontaban del sueldo (mientras que si, por una cosa o por otra, salía hasta cinco horas más tarde, no contaba). Recuerdo que en una de estas colas, un compañero trabajo lo dijo: ¿por qué, teniendo internet de alta velocidad, tenemos que hacer cola para fichar?
Esta pregunta es importante a la hora de tratar cualquier asunto relacionado con impresos y burocracia. Y quiero pensar que es la razón por la que las altas esferas de la Universidad de Sevilla decidieron implantar la automatrícula (y no porque los demás países de la UE o los EEUU lo hagan con su “si tú te tiras por un puente yo me tiro también”). Ahora bien: ¿cuántos años lleva en funcionamiento el proceso de automatrícula? ¿cuántos años ha funcionado correctamente? A la primera pregunta puedo contestar que, como mínimo, tres años, ya que cuando entré a haer la carrera mis compañeros de 2º dieron testimonio. A la segunda pregunta, mejor no contesto.
Describiré el ritual: Continuar leyendo




