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Odio los lunes y a Shirley Maclaine

Ya ni cuento las veces que veo El Apartamento. Sí, me río como un niño -como todo ser humano debería reír siempre- con los encuentros y los desencuentros y los enredos que, más que a los Álvarez Quintero, Wilder le debe a Lubitsch. Sonrío y caigo una y otra vez, más triste que alegremente, en la rodilla de Jack Lemmon y en su forma de escurrir los spaghetti. Pero llega cierto momento, tal vez tras el séptimo u octavo visionado, en que uno deja de ver en El Apartamento a personajes, y empieza a ver a personas. Ya no hay aciertos en el guión, ni una historia sencilla y redonda capaz de llenar el corazón de cualquiera. Ya no hay actuaciones, ni esas panorámicas que sólo el Panavision podía dar. De repente ves cómo, por arte de magia, vuelves a encontrarte con Mr. Baxter, y con Fran, y con Sheldrake y el doctor Dreyfuss.

En este momento, y ustedes me disculparán si contradigo a la unánime crítica y a los cientos de publicaciones que califican El Apartamento de gran comedia, la película deja de ser divertida y alegre y enternecedora y, a su extraña manera, se vuelve agria y dolorosa. Siempre hemos llamado al cine, o tal vez desde los años veinte, la gran fábrica de sueños. El problema es que, al despertar, uno siempre recuerda los sueños con el cierto regusto amargo de saber que son absurdos e irreales, a pesar de que a veces sean divertidos. En el momento en el que desaparecen Jack Lemmon y Shirley Maclaine e irrumpen en escena Baxter y Fran, la cosa deja de ser divertida.

Al acabar de ver El Apartamento, prefiero mirarla como un sueño delicioso, como un reposado huracán capaz de dejar tu alma patas arriba. Como el fruto maduro que se descuelga del árbol de un sueño que jamás será real. Cualquiera que sepa un poco de la vida y de las mujeres como Miss Kubelik, sabe que tiene razón cuando dice que en esta vida hay quien toma y quien “es tomado” (those who take and those who get took; perdón por la terrible y apresurada traducción que no corrijo en aras de escribir este artículo tal y como está de forma desordenada en mi cabeza en estos momentos). Pero también debe uno ser consciente de que los cinco minutos finales de El Apartamento, el precioso momento en el que por fin la naranja cae, redonda y completa, sobre el mundo y dice “aquí estoy”, no son más que una deliciosa quimera que ningún ser humano razonable debería tomar en serio.

En un momento de la película, Miss Kubelik le pregunta a Mr. Baxter por qué ella no es capaz de enamorarse de hombres buenos como él. Sin duda ésta es más una pregunta del propio Wilder que de ella. Cuando he oído preguntas similares, y lo he hecho, de labios de mujeres, nunca ha sido, por decirlo levemente, con propósito de enmienda. No deja de ser la pregunta que se hace el espectador pero, sobre todo, no deja de ser la pregunta que se hace constantemente el propio Baxter: ¿por qué no yo en lugar del hijo de puta de Sheldrake? La misma pregunta que le hace Orfeo a la señorita Julia en You’re the one, y que se responde él mismo: las mujeres como tú nunca se enamoran de los hombres buenos.

Si El Apartamento fuera una película realista, y gracias a Dios que no lo es, Mr. Baxter seguiría siendo hoy ayudante de Sheldrake, tendría un apartamento en Midtown Manhattan y estaría casado con la mujer de un tal Mickey, retenido en Cuba por Castro acusado de dopar a su caballo. Fran y Sheldrake habrían pasado la noche de fin de año en Atlantic City, y la vida seguiría como siempre. Unos se engañarían pretendiendo que son los que toman, y otros no podrían hacer nada mientras son tomados. En ese sentido, ver el final de El Apartamento es doloroso. Porque uno sabe, sobre todo si hablamos de mujeres como Miss Kubelik o la señorita Julia, que rara vez ser bueno conlleva recompensa. Al menos en esta vida.

Por eso me enciendo mi enésimo cigarro de la noche y descorcho ahora esta botella de champán con la que, de todas formas, jamás habría brindado con nadie en una Nochevieja cualquiera. Por eso despierto del sueño de El Apartamento y lo tomo tal como viene, y sonrío como un niño –como siempre deberíamos sonreír los seres humanos, sin orgullo ni pecado, llenos de inocencia y asombro- mientras veo pasar los títulos de crédito. El fruto del sueño se ofrece, redondo y perfecto, mujeres aparte. Que nos quede, pues, el sueño, ya que el mundo éste que nos ha tocado vivir rara vez nos satisface. That’s the way it crumbles, cookiewise. Esto me niego a traducirlo.


Odio los lunes: el cine y las historias de detectives

Hoy voy a partir una lanza a favor del trabajo del artesano, de capital importancia para la historia del arte en general. Muchas veces se ha criticado al cine de género simplemente por ser de género, sin darse cuenta -hola, John Ford- de que bajo la apariencia más humilde y noble se puede contar la mejor de las historias. Por eso hoy parto mi lanza en dos frentes, en el cine y en la literatura, aunque en realidad se trate del mismo.

No es tan difícil dar por ahí con lo que yo llamo críticos de oídas. Les suena tal, o les suena cual, y por supuesto este director de Villaborrego de abajo es importantísimo para intentar trazar una cronología del nuevo realismo post-grunge straight from da block 97. Y la verdad es que en su puta vida han visto una película suya. Tampoco hace falta rebuscar tanto: 1984 es la novela que más gente dice que lee y no ha leído. ¿Cuánto intelectual gafapasta hablará semanalmente maravillas de Kubrick y ha visto sólo La naranja mecánica y con tal de saber qué es lo que pone en esa camiseta tan chuli que le regaló la Jessi?

Lo curioso es que llega un momento en que ese joven intelectualoide decide descalzarse y sentarse a ver películas. Y se sienta por primera vez delante de Casablanca, o de una novela de Dickens -los papeles de Pickwick, por ejemplo-, o de cualquier volumen de misterios de Sherlock Holmes. Y aquí es donde empiezan los problemas. A un crítico de oídas se le reconoce fácilmente. Son aquellos que no han aprendido que el prejuicio es sólo un requisito previo para poder elaborar un juicio según la experiencia propia. Al crítico de oídas le reconocerás porque hará como que no ha visto la evidencia con tal de quedarse anclado en su prejuicio, que le parece de mucha más validez intelectual. Así, por ejemplo, oirás hablar a uno de éstos de “la industria” y “la maquinaria de Hollywood” como algo que claramente anula el valor cinematográfico de Casablanca, y también del victorianismo y de la burguesía y de la literatura de género para intentar descalificar a Dickens y a Conan Doyle, respectivamente.

Por contra, los verás sentarse con pinta de interesantes -y un puro si se tercia- delante de cualquier película de Béla Tarr, Angelopoulos, Tarkovski o Kiarostami como si estuvieran contemplando la palabra divina. Embelesados ante esos planos secuencia de un cuarto de hora que, en dos horas y media de película, cuentan absolutamente lo mismo que “la maquinaria de Hollywood” habría contado en una. Ojo, no digo que esté mal que te guste Tarkovski o Kiarostami. El problema es el desprecio por autores -Ford, Wilder, Capra, Hawks, Preminger- que han elegido ser artesanos en lugar de miembros de Der Blaue Reiter. Digo estos autores por nombrar algunos: quizá la mayoría de críticos de oídas no se atrevieran a cargar contra ninguno de ellos, aunque fuera por vergüenza y dignidad moral (lo que no significa que no lleven emponzoñado cierto desprecio en su alma de críticos de oídas).

Tal vez podamos concederle a las novelas de Sherlock Holmes ser más un ejercicio de lógica, de racionalización y de astucia que de arte. Pero hay buena y mala literatura de género, como hay buen y malo cine de género, y que algo sea popular no significa que sea necesariamente malo. Es cierto que no todo el mundo va a disfrutar igual leyendo a Conan Doyle que a Proust, pero sí es cierto que preferirán a Conan Doyle frente a Richard Sterling (el seudónimo que me puse cuando intenté escribir una historia de detectives hará ya mucho tiempo). Lo que aprendió el cine es que cualquier mensaje de calado humano e intelectual profundo cabe en una historia más o menos sencilla -El apartamento, Vive como quieras- y que no es necesario un plano fijo de 12 minutos de una casa vacía para decir “la soledad” cuando puedes decir “la soledad” y que se entienda lo mismo.


Premios Kino 2009


Hoy, viernes 6 de marzo, se hará entrega de los Premios Kino, los galardones que la Universidad de Navarra otorga a los cortometrajes realizados por los alumnos de 4º de Comunicación Audiovisual.

Este reconocimiento a las óperas prima sirve para intuir las preocupaciones de un nuevo cine, por estos premios pasaron Luis Piedrahita (“La habitación de Fermat“), Maitena Muruzabal (“Nevando voy“), como ejemplos más actuales. Es una ocasión para leer en las imágenes las influencias que cada alumno ha recibido durante su formación. Es un anzuelo que espera atraparnos: nosotros, espectadores ansiosos de un aire fresco.

La calidad técnica de todas las obras es increíble. La fotografía está muy cuidada, como se demuestra en el cortometraje “Café para tres”, donde la escena principal (el salón) es un protagonista más gracias a que los tonos azul oscuro refuerzan el conflicto.

Por otra parte, a algunos guiones les faltaba redondear mejor las historias. Casi todos morían cuando alcanzaban el climax, creando un suspense casi siempre innecesario, como por ejemplo, en “Humo de cereza”. No es este el caso de “El príncipe de la colina”, donde los personajes están muy bien dibujados y la acción final es el resultado de un guión lógico y sencillo, sin giros grandilocuentes.

El cortometraje mejor posicionado para ganar este año es “Otsoa” (“El Lobo”). Porque se arriesgaron al grabarlo en euskera, porque narra una historia aceptada por todos: el machismo de un padre al darse cuenta de que su única hija no podrá cuidar el rebaño. También quiero destacar a la actriz, la niña, que transmite con su actuación mucha inocencia y hace que te creas el personaje.

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Man on Wire

Man on Wire, con su Oscar, se proclamó como mejor documental del año . Su director, James Marsh, reconstruye la historia de Philippe Petit: un funambulista francés que tendió un cable entre las desaparecidas Torres Gemelas, y que, durante 45 minutos, cruzó ocho veces de una a otra.

Es una historia muy poética: un hombre obsesionado con un sueño; carismático e idealista, que es capaz de involucrar a sus amigos más cercanos para conseguirlo. Además, desde el punto de vista visual, es un espectáculo único: Philippe Petit llegó con un cable al punto artificial más alto de la tierra. Las escenas de este documental hablan de equilibrio, de concentración, y están compuestas por un espacio irrepetible, por la cúspide de la civilización. Alrededor del funambulista sólo hay aire, es entrar en simbiosis con la naturaleza: es arte puro.

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Waltz with Bashir

Vals im Bashir, 2008 (nombre en hebreo) es un film documental, que está guiado por una animación brillante. Narra, con una divagación entre lo onírico y lo real, la inquietud que sintió el director, Ari Folman, al descubrir que no recordaba la masacre en los campos de refugiados palestinos: cuando los falangistas cristianos aniquilaron a la población con el beneplácito de las tropas israelíes. Era el año 1982, y la guerra entre Líbano e Israel marcó una muesca más en las contínuas violaciones de los derechos humanos que este Estado ha cometido desde su fundación. También habla de la memoria, y de esa capacidad misteriosa para bloquear determinados recuerdos y, de jugar con nuestro pasado. Así, la película se presenta como un viaje -una experiencia vital que deriva en reportaje- que pretende descubrir, gracias a entrevistas con antiguos compañeros del ejército, si Ari Folman vio ese crimen contra la humanidad.

El protagonista reacciona cuando un amigo le cuenta un sueño que se le repite desde la guerra. Entonces, la narración se apoya en otros personajes secundarios para hacer que la historia avance. Cada punto de vista ofrece una guerra diferente, una forma de vivir esos días; y es lo que ayuda a Ari Folman a explicar lo que ocurrió en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila. El aspecto onírico de la película aparece en la reconstrucción de los recuerdos, porque se van enlazando de la misma manera que en un sueño: ideas aisladas, que se distorsionan, que aparecen y desaparecen. Esta forma de estructurar el guión habla de los recuerdos que bloquea y esconde en un laberinto el soldado que ha sufrido en el frente. Pero también habla de la memoria colectiva, que es olvidadiza casi siempre, y que se convierte en cómplice de los crímenes. Es una llamada de atención a la sociedad de Israel, para que aprenda de los errores del pasado.

Es una película antibelicista, que ridiculiza la jerarquía militar y, que critica el abuso de poder de su propio ejército. Un aspecto del que se ha discutido estos meses debido a la “guerra” desatada por Israel en territorio palestino; el film habla del desequilibrio de fuerzas militares. Aspecto que, también, recuerda a la guerra de Irak. Además, igual que en la mini serie “Generation Kill“, los soldados cantan en sus tanques, lo que refleja un ambiente relajado -ajeno a la realidad- que se ve normal porque los reclutas son jóvenes, inconscientes y, sobre todo, todavía inocentes.

Las tropas vuelven a casa de permiso y se encuentran con una sociedad que no les presta atención. Un día a día que no se ve afectado por ningún conflicto. El protagonista choca con la realidad, pero se difumina porque la masa le absorbe. Esto nos cuenta una realidad inquietante: la exposición a la violencia está adoptada con normalidad en nuestro día a día, y no sólo en Oriente Próximo. Este sentimiento que denuncian los veteranos de otras guerras impopulares, como Vietnam o Irak, ha evolucionado hacia un pacifismo extremo, que reniega de sus ciudadanos. Por ello, estos soldados sufren un trauma psicológico al no poder expresar su sufrimiento.

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Los triunfadores de los Goya 2009: “Camino” y “El truco del manco”

Ya hablábamos de todas las nominaciones a esta Gala 2.009 correspondiente a las películas del año anterior, de ahí que haya quien denomine a la Gala 2.008 o 2.009.

Acaba de finalizar la gala, al menos por las vías que la han seguido en directo en Internet, que han sido varias (El Mundo, Antena 3, RTVE, ADN.es, 20 Minutos,…entre muchos otros medios). En televisión aún le queda aproximadamente una media hora para llegar a su fin.

Solamente quería destacar 2 de las películas que han triunfado esta noche. La primera de ellas, sin duda, Camino de Javier Fesser, que se ha llevado 6 Goyas, quedando como la favorita y la más premiada.

Y en segundo lugar, “El truco del manco” la cual se ha llevado las 3 estatuillas a las que estaba nominada: actor revelación (el rapero de “La excepción”, el Langui), dirección novel (Santiago A. Zanou) y canción original (“A tientas”)

El director de este film español, Santiago A. Zanou confesó que para crear al personaje central de la historia, se inspiró en un colega suyo manco, que era capaz de hacerse un porro con una sola mano.

Montilla no se hacía ilusiones por el Goya y hace unos días anunció a Europa Press que ya preparaban su nuevo disco, el cual saldrá en Marzo y que lo colgará totalmente gratis en Internet, tras demandar a dos discográficas, Warner y Zona Bruta por “abuso de contrato” y “explotación”.

Sin duda, se merecía todos los premios a los que estaba nominada y finalmente se ha llevado. Es una película aconsejable, te muestra cómo se buscan la vida unos hombres de barrio. Me quedo con una frase de la misma: “hay que echarle dos cojones a la vida”

Ambas películas son dignas de ver.

Continuando con la gala, sin duda los protagonistas de los medios han sido los artistas de ámbito internacional: Penélope Cruz y Benicio del Toro, quienes no han hecho el viaje en balde.

Para finalizar, destacar la frase final de la presentadora, que este año ha sido Carmen Machi, aunque Corbacho ha intentado sustituirla en alguna ocasión durante la gala. La frase ha sido: “vayan mucho al cine, es uno de los grandes placeres de la vida”.


Perkins’ 14 “La sangre está en tus manos”

Soulinake habló en su día de las producciones audiovisuales colaborativas y yo comenté que no creía que este tipo de producciones pudiese llegar a hacer algo audiovisual. Lo cierto es que sigo pensando lo mismo, con algunos matices, no creo que producciones como la de Spike Lee puedan llegar a mucho, más que nada porque al hacer cada cosa una persona se pierde la unidad  que debe tener toda narración. Sin embargo, proyectos como Perkins’ 14 de Massify sí que me parecen buenos y capaces de satisfacer a un público exigente.

¿En qué consiste el cine colaborativo desarrollado en el proyecto Perkins’14? Pues todo parte de Massify una comunidad donde exponer ideas y crear proyectos. Se hizo una votación para sacar un proyecto adelante y salió Perkins’14. Luego los actores subían sus vídeos para que la comunidad pudise votar quienes serían los protagonistas definitivos de la película. El resultado podrá verse a mediados de Enero, de momento podemos disfrutar de este gran trailer:


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