
Foto: Flickr. Todos somos iguales ante la CRISIS.
Y todavía no ha empezado la crisis, y yo ya ando de resaca. Cansado de oir en la televisión cómo despiden a tantos y tantos semejantes, que me importan un pimiento hasta que no sea yo al que le metan la patada en el culo. La borrachera de crisis que vivimos nos acerca ya al hartazón y la resaca, pero seguimos sin movernos, sin mover un dedo, sin hacer nada por nuestros semejantes. Puede ser este el enésimo artículo que se escriba sobre la crisis y la situación ecónomica tan dificil que atraviesa el mundo por el colapso que está a punto de provocar la avaricia de este mundo. Espero que no sea un artículo más, sino que abra mis ojos y los tuyos para gritar al mundo que somos idiotas.
Las empresas cierran, pero a ti te da igual, sigues teniendo trabajo y comes, vives, gastas menos, eso sí, a pesar de que te estén diciendo que consumas y que lo que comas y compres sea made in Spain. Vuelve el proteccionismo, y con el también una corriente conservadora que nos hierve por las venas, (sí a ti también) cuando ves que un extranjero tiene trabajo y tú te acabas de quedar sin el. Seamos sensatos y no descerebrados.
Algo está peligrando en nuestras propias mentes. Ellos están pasando lo mismo que tú. Da igual la raza o el credo, todos vamos a pasar por el purgatorio de la crisis. Ya tienes el miedo encima pero no lo quieres reconocer. Si ya te has quedado sin trabajo, es posible que te encuentres con este artículo por el bombardeo de la palabra crisis. Si crees que vas a perderlo tu, jóven o adulto, interesante o aburrido, perspicaz u obtuso, ya seas ingeniero o albañil, debes saber que todos somos iguales ante la crisis. Y eso, es lo que debería convertirnos a todos en personas repletas de sentimientos. Deberíamos sentirnos arropados por cientos, por miles, por millones de personas que en todo el mundo mundial están pasando lo mismo que tú.
Pero no. Somos descerebrados mentalmente inconexos. “Empecé con nada y todavía lo tengo casi todo” Lo dijo Michael Davis una vez. Cuando naciste, como yo, no tenías nada y nada sigues teniendo. Lo único que tienes en esta vida son los momentos que vives que se transforman en recuerdos buenos o malos gracias a la gente con la que te relacionas. Una casa, un techo, una mesa y una silla, un plato de comida, o el ordenador desde el que escribo son simples objetos de tu obsesión por tener más. No soy de aquellos que quieren limpiar su conciencia con actos altruístas. No creo en gente que tiene mucho material y necesita imperiosamente repartir una insignificante parte de sus objetos materiales o todo su tiempo. Probablemente Dios no exista, o sí, ¿quién sabe?. Lo uníco que se es que si tu estás leyendo esto existes, aunque ni siquiera sepas si yo existo o no. Ójala remueva tu acomodado culo de la silla y desgarre en tí un buen sentimiento por crear comunidad y ayudar a tus semejantes a vivir felices olvidándonos de la crisis. Aunque te dure un instante, porque somos idiotas ávaros de dinero.
Continuar leyendo