Archivo de la etiqueta: Edgar Allan Poe

Odio los lunes y la exaltación de la nadería

Henry JamesLa primera vez que me crucé con la obra de Henry James andaría yo por mi más tierna adolescencia, en aquella época que todos los niños introvertidos hemos pasado de devorar cada página que se nos pusiera por delante. Recuerdo que fue con Otra vuelta de tuerca, una de sus novelas más conocidas, y que tampoco me emocionó especialmente; a pesar de no resultarme, ni mucho menos, un mal libro. Por aquella época andaba yo entonces -tonto de mí- enganchado al jerbi méntal. Mientras me duró la tontería, mis lecturas de relato favoritas eran del estilo de Poe y Lovecraft: ustedes ya me entienden. Luego, cuando se me pasó la tontería, me cambié -con tino por mi parte, todo hay que decirlo- a Chéjov, Carver y Auster (nota mental: hacer un artículo sobre Smoke).

Así que a Henry James no había vuelto a tocarle hasta hace poco, como le dijo Josefina a Napoleón en su noche de bodas. Sin embargo, leyendo ahora uno de los muchos volúmenes de colecciones de sus relatos que hay publicados, he podido darme cuenta de lo que me había estado perdiendo. Habérselo perdido no es del todo malo en literatura: satisface el hecho de disfrutar paladeando cada una de las páginas de una obra mientras piensas: más vale tarde que nunca. Decía, pues, que el haber redescubierto a Henry James le ha dado un regusto nuevo al concepto de relato que tenía en mi cabeza de haber leído a autores como los antes comentados.

Short Cuts Raymond Carver Vidas CruzadasMientras que en muchas obras de Carver y Auster llegaríamos a ver hasta cierta coralidad -pienso, por ejemplo, en Short Cuts y Brooklyn Follies, respectivamente-, rara vez encontraremos esto en una obra de James, centrada usualmente en uno o dos personajes, con algunos accesorios que entran y salen a discreción del autor. La intención -admirable- de estos autores es, o suele serlo, mostrar en sus relatos lo que yo llamo pedazos de vida. Como el buen cine, los relatos de estos escritores están basados en los hechos, y de ellos brota solo el significado de la historia. Sin embargo, esto en Henry James es algo más complejo, especialmente en los relatos en los que reflexiona sobre las clases burguesas y adineradas en el Viejo Mundo (Inglaterra) y el Nuevo (Estados Unidos). Los relatos El sitio de Londres -o El cerco de Londres, según traducción- y En la jaula son buenos ejemplos de ello (especialmente el primero). Es realmente sorprendente la capacidad de James para mantenerte pegado al relato durante más de 100 páginas con una premisa tan sencilla como ésta: una hermosa chica, de vida disoluta en Estados Unidos, marcha para Europa a la búsqueda de empezar de nuevo e introducirse en la aristocracia inglesa. Y ni siquiera se sale casi en ningún momento del hilo narrativo. Y ahí te tiene, enganchado. En la jaula, por ejemplo, es el relato de una trabajadora de correos que espía los telegramas de los aristócratas y mantiene una secreta relación con ellos -dentro de su cabeza, claro-.

La visión de Henry James, a diferencia de los otros autores mencionados, hace que emane el significado no del mirar hacia afuera sino del mirar hacia adentro. Su paseo -a veces demasiado distendido, todo sea dicho- por los últimos rinconcitos de las cabezas de sus personajes, que repite incluso varias veces en el mismo relato para explicitar los cambios, es como la foto que toma Auggie Wren cada día de la misma esquina de Nueva York. Nota mental: escribir un artículo sobre Smoke.


Homenaje a Edgar Allan Poe en su aniversario

“Con un par… de gafas”

Nervioso, es cierto, nervioso, lo he sido siempre y lo soy, pero ¿por qué dirán que estoy loco?

Los primeros relatos que leí fueron los de Edgar Allan Poe. El escarabajo de oro, el pozo y el péndulo, el corazón delator (con cuyo principio inicio este artículo), además es gracias a Poe por quién escribo ahora. Empecé escribiendo relatos cortos no de terror, pero llenos de pasiones y sensaciones horribles como los de este maestro del relato corto. Más tarde en Sevilla leería su poema “The Raven” (El cuervo)  leyendo entre susurros aquel “Quoth the raven, `Nevermore.’”.

Todo el mundo debería leer algo de Edgar Allan Poe, recuerdo el primer libro suyo que tomé en mis manos. La portada mostraba una calavera atravesada por un clavo y un escarabajo atado a un hilo que le cruzaba por el orificio ocular izquierdo, por detrás de la calavera se veía una guadaña y en la parte de abajo de la ilustración una carta sellada y una vela. El tipo de entrada que llama a leer un libro. Me sentí acosado en la cárcel de la inquisición leyendo el pozo y el péndulo, completamente loco leyendo el corazón delator, con una pasión enfermiza por poseer la belleza al leer Berenice… sentí miedo de ser enterrado vivo al leer entierro prematuro y creí en llegar a saber lo que era la otra vida cuando presencié los sucesos del caso Valdemar.

Poe es uno de los grandes maestros de la narración corta y mi cuentista favorito junto con O’Henry (casualmente los dos son norteamericanos), además de escribir cuentos también teorizó sobre este tipo de narrativa. Edgar Allan Poe sabía perfectamente que el relato estaba hecho para ser leído de seguido, a diferencia de las novelas que son leídas de forma intermitente. Por eso Poe se afanaba tanto en introducir al lector en su mundo durante ese breve espacio de tiempo y no dejarle escapar. Los relatos de Poe son intensos y de temas dantescos, dicen que las ideas de sus relatos las sacaba de sus pesadillas provocadas por el opio y quizás también por el alcohol que fue uno de los grandes problemas de Poe que terminó acabando con su vida. No se sabe a ciencia cierta como murió Poe, los informes médicos se perdieron y nadie supo explicar como apareció aquel 3 de Octubre de 1849 por las calles de Baltimore delirando y con ropas que no eran suyas.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 31 seguidores