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Una contraportada de 120 metros

VALENCIA.- Gemma Jordán.

Megayate Hamilton

Megayate Hamilton

Desde hace más de un año, en Valencia existen movimientos cívicos que reclaman un montón de cosas; desde el traslado o el cambio de condiciones de del circuito urbano de Fórmula 1 (Valencia Street Circuit, le llaman, ya hay que ser “coent”*), a la, de una vez, sustitución de barracones prefabricados por aularios decentes para numerosos niños de toda la Comunidad. El Carmen sigue cayéndose a pedazos a pesar de las iniciativas de sus vecinos, la costosa dársena creada para una Copa América que solo volverá a la ciudad si sus convecinos la pagan al millonario suizo, está desierta y a la espera de que se le encuentre un verdadero uso. El carril-bici, en una ciudad tan llana y con tan buen clima como la valenciana, es prácticamente inexistente, el patrimonio cultural va desapareciendo y el emblemático Cabañal sigue a expensas de que Rita Barberá, la justicia, la Unión Europea y la empresa, ya descompuesta, Cabanyal 2010, se aclaren respecto al futuro de un barrio único y considerado Bien de Interés Cultural.

Pero aquí nos mola lo que nos mola, y a pesar de la inagotable fuente de información social y urbanística que el “cap i casal” es, Las Provincias, el segundo periódico regional más vendido y leído en la Comunidad Valenciana, le dedicó su contraportada del sábado a esta interesantísima información: El megayate del magnate ruso Andrei Melnichenko ha estado fondeado durante una mañana en el puerto de Valencia. Se ve que el hombre iba a estarse cinco días, pero, “fuentes del Consorcio” desconocen porque no se quedó 24 horas. Lo mismo es porque llovía, váya usted a saber. Eso sí, interesantísimo dato, el ruso ricachón tiene un sistema giratorio en la cama del barco para orientarla hacia donde le plazca su magna vista. Para que luego digan que ser periodista en Valencia es difícil.

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Post vacacional, sin síndrome

Por Gemma Jordán.

Mirando por la ventana de mi estudio, apenas me sitúo. Pensar que hace tres días estaba bañándome en las playas del Puerto de Santa María o en las de Isla Tavira (Portugal) me resulta irreal estar viendo como el cielo se ha cerrado y diluvia esta tarde sobre mi pueblo. Porque sé que soy valenciana y sé que vivo en Valencia, si no dudaría en si he cruzado, o no, mundos paralelos.Si en unas vacaciones uno tiene que ver y escudriñar en paisajes y costumbres y volver descansado y desconectado, entonces las mías han sido las ideales. O de cómo hacer periodismo mientras se viaja, pero sin hacer periodismo de viajes.

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Eso sí, he de reconocerlo con la cabeza un poco gacha; de actualidad, cero patatero. Ayer mis progenitores me preguntaban; ¿y qué es lo que ha pasado con la Pajín y su web esa? ¿Sabes cómo ha quedado al final el matrimonio de jueces de Barcelona? ¿Sabes que por dónde tú estuviste hace apenas dos días, ahora está cayendo la mundial y hasta han muerto personas? Y yo con cara de perplejidad, masticando una croqueta de pollo con nuez moscada, sin saber de qué me estaban hablando.

Así que de repente me encuentro con algo de material decente sobre el que escribir: “Kramer contra Kramer” y sus paralelismos con la realidad actual (hay que ver lo que dan de sí las prácticas de algunas asignaturas de mi facultad) o un artículo de la mujer de Carlos Herrera, sobre Continuar leyendo


The Memoro Project

Por Gemma Jordán.

Tal vez se haya comentado algo aquí, pero como no lo sé, voy a aprovechar que el otro día les hicimos una mini entrevista en “La octava planta” para echar un ojo sobre el trabajo de “The memoro Project”.

Nacieron en Italia en 2008 con un objetivo muy claro y, a priori, difícil de realizar: crear un banco de memoria mundial gratuito. Un proyecto que hace quince o incluso diez años, parecería una hazaña, pero que hoy, sin dejar de tener sus complicaciones, es posible llevar a cabo. Salir a buscar personas mayores por todo un país, para que cuenten sus historias, sus experiencias y sus batallitas, grabarlas y archivarlas a disposición de todo aquel que quiera saciar su curiosidad y aprender. Fernando Gabrich, que es el responsable de “Memoro” en España nos dijo, que siempre salía de cada una de esas entrevistas sintiéndose diferente a como había entrado y habiendo aprendido y comprendido mucho.

Y después de trastear por su web y hablar con Gabrich se me ocurre que, a lo mejor sin quererlo, estos de “Memoro Project” están trabajando como auténticos reporteros; salen a la calle, buscan la noticia (la historia en este caso) ceden su tiempo y sus recursos para moldearlo y se lo ofrecen a la sociedad en general porque creen que es importante y que así ayudan a construir una realidad mejor, más equilibrada y más formada y justa. “Casi ná”. Además lo hace aprovechando las posibilidades que nos ofrecen los nuevos medios y las nuevas tecnologías de la información.

Después de ver y analizar el panorama, de meditar un poco y de escuchar el pasado martes a Rosa María Calaf en nuestro programa, una llega a la conclusión de que la fórmula para volver al buen periodismo (o más que volver, llegar por fin a él) es regresar al auténtico espíritu vocativo del que tiene claro qué quiere hacer y por qué, pero dando pasos a través de este inmenso mundo de los medios que, además, y para bien, nos hace estar siempre alerta para ir “renovándonos”.

Así que como servidora se pira de vacaciones en cuanto mañana le termine esta bonita beca, voy a dejar, al hilo de esta entrada, dos preguntas aquí para que me las vayáis contestando y hasta debatiendo, si procede, sobre ello. ¿Puede que sea ese el camino, volver a los orígenes con los medios actuales? ¿Cómo narices trabajaban antes los periodistas sin Internet?

¡Feliz final de estío a todos!

Últimas entradas de Gemma Jordán:

*.- He perdido a Shakira.

*.- A vueltas con los grados.


A vueltas con los grados

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Por Gemma Jordán, nuestra nueva colaboradora que así se presenta: En Valencia se dan muchas situaciones contradictorias y llamativas, como en todas las ciudades. Una de ellas, es que el hospital clínico privado y católico por excelencia se llame La Salud, y que el hospital público más conocido, prestigioso y también saturado, se llame La Fe. Bueno, pues en el primero nací yo un mayo de hace 25 años. Después de unos cuantos años dando bandazos entre Julio Verne, Expediente X,  y otras aficiones, descubrí la lectura de la opinión de Pérez Reverte, un programa de fútbol local (Taula Esportiva) e Informe Semanal, y a partir de ahí, la sangre irremediablemente envenenada por esto del “periodismo”. Con tres asignaturas por aprobar para tener ese título al que no se le permite colegiarse, todo lo que venga después, estará por ver y por pelear.

Y dale con que en Córdoba iba a pasar calor. “Pues la misma que aquí”, respondía yo a todos los que de miércoles a viernes se echaban las manos a la cabeza al saber que un fin de semana con alerta de calor agostada, yo me iba a la ciudad que, junto a Écija y Sevilla, ocupa las portadas de las “noticias climatológicas” del verano. Y en eso nos quedamos, no vemos más allá de si en los lugares hace frío o claro, añadiéndole una anilla más a una de las serpientes de verano más clásicas que existen.

Sí, pasé calor, mucha. Como es normal en verano, pero tuve la suerte de conocer gente allí  que me llevara a visitar la sierra cordobesa (¡sí, Córdoba tiene sierra, verde, con árboles, y se está fresquito!) que está al lado de la ciudad. De hecho, en sus cimas tiene una barriada, Santa María de Trassierra, que vale la pena visitar. Pero claro, hay que ser afortunado y conocer a gente de allí y también curioso, y no quedarse con la típica imagen de un termómetro a punto de estallar a pleno sol en la ciudad.

Además de la sabiduría popular, culpa de estas reacciones la tiene la incompleta información climática que tenemos en España; no se explican los motivos por los que en un sitio hace más o menos frío, llueve más o menos o hay más o menos temporales. No se habla de si eso tiene que ver, o no, con el cambio climático, ni qué culpa tenemos los ciudadanos.

Rellenar los informativos con el termómetro y las declaraciones del paseante de turno que nos confirma que “qué caló hace” mientras sus sobrinos/hijos/nietos juegan con una fuente, es de lo más versátil que existe, y lo mejor de todo son nuestras reacciones, como si no supiéramos ya lo que pasa en verano. Lo mismo es que con la LOGSE, en la asignatura “Conocimiento del medio” ya no se da eso de las cuatro estaciones.

Yo ya paso de ver los telediarios entre julio y agosto.

Por cierto, para los que aún se echen las manos a la cabeza, en Córdoba, como en el resto de España, existen métodos centenarios e infalibles para aguantar el calor; mucho agua fría, un buen salmorejo no muy salado, una buena siesta en plena canícula y unas cañas o unos “vargas” al anochecer. ¡Y nada de ver la sección del tiempo!


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