Gran revuelo está causando en el Reino Unido la huelga general en el sector de las refinerías. El motivo no podía ser más esclarecedor: los británicos rechazan a los trabajadore extranjeros. Una huelga que está

Fuente: www.elpais.com
siendo conducida por el partido ultraderechista británico -BNP-, y que ha tenido tanto calado que se ha extendido por todo el territorio británico.
Todo se originó, afirma el citado artículo de El País, con una promesa de Gordon Brown que decía que “los empleos británicos deben ser para los trabajadores británicos”. Y esto lo dice el líder del Partido Laborista, de origen internacionalista y obrero. Nada podemos esperar en este sentido de los cargos de ese país, y podemos recordar en este sentido el divertidísimo disfraz de nazi que Enrique, el hijo de príncipe Carlos, mostró en una fiesta en 2005.
Nos venden una imagen del Reino Unido que nada tiene que ver con la realidad. Los estereotipos de Londres como ciudad multicultural, abierta y acogedora engañan, aunque sólo al que no la conoce. Sé de primera mano cuál es la realidad de Londres, una ciudad xenófoba, a pesar de ser la más cosmopolita de la isla. Por ello sé que este tipo de manifestaciones se seguirán produciendo y no son fruto de la desesperación. Si una huelga de ese estilo sucediera en España, no podríamos ni imaginar la de piedras que nos lloverían. Pero no, esta huelga viene del Reino Unido, el estado de lo cool, lo progre y lo moderno.
La xenofobia está alcanzando sus cotas más altas en la pérfida Albion, lo cual ya es mucho decir en el país de origen del racismo y el colonialismo, aunque también lo es del racionalismo empírico. Así lo revela un informe de 2007 de la Comisión para la Igualdad Racial, y otro informe un poco más antiguo, de 2001, realizado por el Consejo de Europa, que denuncia la utilización de propaganda racista y xenófoba en política y la persistencia de problemas de discriminación. Detrás de las anodinas cifras hay personas que sufren la xenofobia en sus carnes.
Lo que no saben estos manifestantes es que el problema lo tienen en su propia nación, no en el exterior. En primer lugar, porque los que contratan a la mano de obra más barata son británicos sin escrúpulos. En segundo lugar, porque mientras siga vigente el capitalismo -que sus antepasados crearon- no se podrá hacer nada contra este tipo de reclamaciones patriótricas. Así es la ley de la oferta y la demanda.