
Por Gemma Jordán, nuestra nueva colaboradora que así se presenta: En Valencia se dan muchas situaciones contradictorias y llamativas, como en todas las ciudades. Una de ellas, es que el hospital clínico privado y católico por excelencia se llame La Salud, y que el hospital público más conocido, prestigioso y también saturado, se llame La Fe. Bueno, pues en el primero nací yo un mayo de hace 25 años. Después de unos cuantos años dando bandazos entre Julio Verne, Expediente X, y otras aficiones, descubrí la lectura de la opinión de Pérez Reverte, un programa de fútbol local (Taula Esportiva) e Informe Semanal, y a partir de ahí, la sangre irremediablemente envenenada por esto del “periodismo”. Con tres asignaturas por aprobar para tener ese título al que no se le permite colegiarse, todo lo que venga después, estará por ver y por pelear.
Y dale con que en Córdoba iba a pasar calor. “Pues la misma que aquí”, respondía yo a todos los que de miércoles a viernes se echaban las manos a la cabeza al saber que un fin de semana con alerta de calor agostada, yo me iba a la ciudad que, junto a Écija y Sevilla, ocupa las portadas de las “noticias climatológicas” del verano. Y en eso nos quedamos, no vemos más allá de si en los lugares hace frío o claro, añadiéndole una anilla más a una de las serpientes de verano más clásicas que existen.
Sí, pasé calor, mucha. Como es normal en verano, pero tuve la suerte de conocer gente allí que me llevara a visitar la sierra cordobesa (¡sí, Córdoba tiene sierra, verde, con árboles, y se está fresquito!) que está al lado de la ciudad. De hecho, en sus cimas tiene una barriada, Santa María de Trassierra, que vale la pena visitar. Pero claro, hay que ser afortunado y conocer a gente de allí y también curioso, y no quedarse con la típica imagen de un termómetro a punto de estallar a pleno sol en la ciudad.
Además de la sabiduría popular, culpa de estas reacciones la tiene la incompleta información climática que tenemos en España; no se explican los motivos por los que en un sitio hace más o menos frío, llueve más o menos o hay más o menos temporales. No se habla de si eso tiene que ver, o no, con el cambio climático, ni qué culpa tenemos los ciudadanos.
Rellenar los informativos con el termómetro y las declaraciones del paseante de turno que nos confirma que “qué caló hace” mientras sus sobrinos/hijos/nietos juegan con una fuente, es de lo más versátil que existe, y lo mejor de todo son nuestras reacciones, como si no supiéramos ya lo que pasa en verano. Lo mismo es que con la LOGSE, en la asignatura “Conocimiento del medio” ya no se da eso de las cuatro estaciones.
Yo ya paso de ver los telediarios entre julio y agosto.
Por cierto, para los que aún se echen las manos a la cabeza, en Córdoba, como en el resto de España, existen métodos centenarios e infalibles para aguantar el calor; mucho agua fría, un buen salmorejo no muy salado, una buena siesta en plena canícula y unas cañas o unos “vargas” al anochecer. ¡Y nada de ver la sección del tiempo!