Pocas cadenas tienen más prestigio que TVE. Sin embargo, también manipula. En este caso no TVE directamente, sino una de sus trabajadoras, Marián Serén. La noticia es Me preocupa el botellón, aparecida primero en las noticias de televisión y luego plasmada en el blog de TVE. Con este ejemplo vamos a mostrar que no hace falta hablar de un gobierno o de una guerra para manipular. Y también vamos a mostrar que si un periodista puede manipular con asuntos tan estúpidos como el del botellón, qué no podrá hacer en cuestiones más complejas, ante los que el ciudadano medio se encuentra a menudo tan desinformado que se tiene que agarrar a lo primero que le dicen.
Un artículo que critica el botellón pero que comienza reconociendo las verdades de quienes lo defienden, demuestra que algo falla en su argumentación: “Ya sé que muchos vais a decirme que es la nueva forma de salir, de conocer gente, que no se emborrachan todos los que van de botellón y que las otras drogas pululan por allí como en cualquier otra zona de ambiente…”.
Lo curioso de todo es que yo estuve en ese botellón, y fui entrevistado con un amigo más. Nuestras posturas estaban claras, el botellón, más allá de una moda, es una necesidad. No hay quien pague los abusivos precios de los bares por un alcohol que encima es mucho más peligroso. Marian, ávida porque en un momento de flaqueza le dijéramos una frase morbosa, nos preguntaba por las drogas, por las borracheras… A lo que le respondí “las mismas que en un local, o incluso menos”. También le dije que llevaba haciendo botellón desde los 16 años, y que sólo me he emborrachado un día en mi vida. Como curiosidad, ese día precisamente no hice botellón y el alcohol fue el que me vendían en las casetas -sí, era feria-. Al acabar la entrevista, le dije a mi amigo “¿has visto que hemos estado hablando casi 5 minutos con ella? Pues verás como luego ponen al freakie que dice que el botellón es una orgía etílica”. Y así fue.
En el reportaje, dice una chavala “La gente sale para emborracharse, yo por lo menos salgo para emborracharme”, y un chaval más -o una chavala… bueno no sé- diciendo “Tú vienes a las 4 o a las 5 de la mañana y los ves a todos tiraítos por los suelos, que parece una película aquello”. Más allá de los comentarios, que tienen telita, no vi a ninguno de los dos entrevistados balbuceando al hablar o con problemas para tenerse en pie. Es más, hablemos de estadísticas, que tanto les gustan a los medios. Ese día estuve con mis amigos, mi novia y su grupo de amigos, en total unas 15-20 personas, de los cuales ninguno nos emborrachamos. No sólo eso, sino que no ví a nadie borracho de entre llos grupos de amigos que había alrededor mía bebiendo -tal vez unas 100 personas-, y tampoco los vi en toda la noche.
El reportaje se centra en el lado oscuro de la botellona, pero no es objetivo, ya que debe dar voz por igual a las diversas partes para que sea considerado así. Está claro que lo que pretende es alertar a los jóvenes del uso de alcohol, algo fenomenal. El probema viene cuando se toma al botellón como culpable. No, Marián, no. Mejor hablar de que en nuestra sociedad todo se celebra con alcohol, y que el tiempo de ocio si no lo pasas con una copa en la mano casi que no tienes ni ocio. ¿Por qué no analizar las causas de eso? ¿Por qué no hablar de los precios abusivos de los bares y de su alcohol, que te bebes un cubata y terminas fuera de combate? Claro, es mucho más morboso hablar del botellón.
El botellón no consiste en otra cosa que en reunirse un grupo de amigos al aire libre, alrededor de una botella que no tiene por qué ser de alcohol, y de un paquete de pipas o patatas, que te amenicen el buen rato de charla y risas con los amigos. Algo tan simple sucede también en los bares, en los que también nos podemos encontrar de casualidad a algún borracho y, junto a ellos,viendo su actitud, a menores de 5, 6 o 7 años que a menudo incluso son sus propios hijos. Ése es el verdadero problema.
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