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La Ley de Violencia de Género, una ley discriminatoria

La Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género no sólo es discriminatoria, sino que además vulnera el principio de igualdad, y malinterpretada puede dañar el derecho de todo ciudadano a ser inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Así ha quedado de nuevo patente en la noticia aparecida hoy en El País, cuyo titular es “Un hombre pasa 11 meses en prisión por 8 denuncias falsas de maltrato en Sevilla”. Al parecer, un  ciudadano de La Rinconada fue denunciado por presuntos malos tratos por su ex-mujer, cuando el presunto agresor se encontraba fuera de Sevilla. Una de las agresiones, inclusive, se produjo mientras que estaba en prisión precisamente por ser condenado previamente por “agredir” a su ex pareja.

No podemos negar que dicha ley ha hecho que la población española se conciencie en el tema de los malos tratos. Algo que podemos notar en el descenso de mujeres españolas muertas a manos de su pareja (a pesar de que el número de muertes por año es el mismo, cada vez son menos los agresores españoles. Actualmente, el 35% de las muertes se dan en parejas extranjeras, sobre todo latinoamericanas, donde el machismo está más permitido que en nuestra sociedad), o en sucesos como el del profesor Neira, impensable hace poco años. Además de reeducar a nuestra sociedad -hasta hace poco era muy machista-, generalmente ha cumplido con lo más importante: ha amparado a miles de mujeres, y a buen seguro que ha evitado la muerte de muchas de ellas. No voy a negar el bienestar ofrecido por la ley a miles de mujeres e hijos, algo totalmente plausible. Pero hemos de reconcoer que con ello no basta. La ley sigue siendo discriminatoria, y precisamente discrimina dependiendo del sexo del denunciante. Esto, que podría mejorarse, todavía no se ha hecho, y ya han pasado 5 años desde que se estableció la acutal ley.

Discriminatoria porque sólo ampara a las mujeres heterosexuales. Ni a hombres, ni a gays, ni a lesbianas, ni a transexuales. Por muy raro que parezca, se han dado casos de personas no protegidas por la actual ley pidiendo amparo en la TV  y denunciando este tipo de hechos. Igual de peligroso es un hombre que maltrate a una mujer, que el que lo haga sobre su pareja transexual; por otro lado la misma fuerza tiene, a priori, un hombre heterosexual que uno homosexual; igual de violenta puede ser una discusión que otra, independientemente del tipo de pareja en que se de. Pero no lo reconoce la Ley, que sólo ampara a mujeres que sean agredidas por un hombre. No se aceptan más combinaciones. Por ello, atenta contra el principio constitucional de igualdad. He ahí el error de una ley ya obsoleta; no recoge la variedad de parejas que hoy día se pueden dar en nuestra sociedad, y por ello es indispensable hacer una revisión de la misma.

El peligro de una sola vida debe ser suficiente para que la ley la proteja. Lo curioso es que ya se han dado varios casos de malos tratos no amparados por la ley por esta razón, y con el tiempo se seguirán sucediendo.

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La contrastación de fuentes, en entredicho

El pasado jueves, estando en clase de “Periodismo de Sucesos y Tribunales”, el profesor Ronda Iglesias recibió una llamada que interrumpió la clase. Se trataba de un falso rumor. Según nos comentó el profesor, El Mundo acababa de publicar en su página web la noticia de que habían sido hallados restos de Marta del Castillo en la denominada “zona sensible” del vertedero de Alcalá de Guadaíra, pero que la noticia duró dos minutos en la Red. De hecho, la buscamos en clase y no había ya ni rastro de ella.

Una de las premisas más básicas del Periodismo, la contrastación de las fuentes, se incumple una y otra vez en los medios de comunicación convencionales, llámense Radio, Prensa, Televisión o Internet. En los blogs habría que hacer una excepción, pues la gran mayoría de sus usuarios distribuyen información como “hobbie” y no como un servicio responsable y formador de la opinión pública libre, que debe contrastar la información y blablablá. Esos profesionales, que poseen un título que les acreditan como licenciado en Periodismo (aunque muchísimos ni lo tengan), y que trabajan en un medio de comunicación cuyas repercusiones sobrepasan cuanto podamos imaginar, deberían tomar precauciones ante tales meteduras de patas. Ya no por honor, sino por dinero -lo único que les importa a los medios-, ya que una pifia así supone menos credibiliad y por tanto menos lectores y menos publicidad. Y este ejemplo no es más que otro más de los muchos que se comenten constantemente.

Otro caso muy sonado fue el del famoso intento de compra del R. Betis por parte del Emir Humaid Bin Rashid Al Nuaimi. En este caso, no sólo se la metieron doblada a un medio, sino a toda la prensa local y nacional, tanto deportiva como generalista, así como a algún que otro medio de comunicación internacional.  La noticia resultó ser un invento total de una persona que se presentó como intermediario de la operación y que resultó ser un carroñero en busca de fama. Cuando se pusieron en contacto con el Emir éste ni siquiera sabía qué era el Betis.

Como anécdota, cabe citar que muchos de esos medios publicaron un supuesto comunicado del  intermediario, que no cumplía ni una sola de las características requeridas a un comunicado oficial. Faltaban comas, el primer párrafo no tenía sangría, carecía del sello oficial del emirato, la firma estaba situada a la izquierda en vez de a la derecha… Un horror, vamos. Con decir que no estaba ni justificada, nos podremos hacer una idea de qué tipo de manuscrito se presentó como real, ante la credulidad de los medios. Este gazapo muestra que estos profesionales -que no periodistas- no tienen la más mínima idea de escribir, pues han obviado fallos de redacción que duelen a la vista. Y en este caso ha sido sobre una carta formal, algo que se estudia en la ESO. Una muestra más de que los profesionales desconocen las normas  de expresión y se limitan a repetir fórmulas y frases hechas.

Lo más bochornoso de todo es que la mayoría de esos medios no se han  retractado ni han pedido disculpas por ofrecer una falsa información y engañar a miles de lectores a causa de un mal trabajo periodístico, como por ejemplo el diario AS. Dicen que sin unos medios de información fuertes, la democracia no puede ser una democracia real. Miedo me da pensarlo.


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