No es que tenga la costumbre de ver el mensaje de Navidad del Rey (de hecho, la última vez que lo hice fue por ver, con mi hermano, si mencionaba que habíamos ganado la eurocopa), pero este año tuve la suerte de cogerlo desde el principio, y ya me quedé a verlo. Y hay dos detalles que me gustaría comentar.
En primer lugar, es obvio que no se hace en directo. Todos sabemos que no se hace en directo (aunque yo al menos lo agradecería), pero siempre he pensado que interesaba que lo pareciera. Es decir, que no convenía dejar claro que no es así y quedar en evidencia. Y este año han quedado en evidencia, en uno de estos cambios de cámara, que cogía al Rey mirando hacia la izquierda y donde dejaba atrás una ventana. Una ventana que daba a un patio. Y en el que había mucha más luz que en mi casa y, supongo cualquier patio de cualquier casa de Madrid. Me pareció divertido que se les escpara eso, aunque sea una tontería y sólo se trate de quedar bien. Ya puestos, el año que viene podrían coger al Rey desayunando.
En segundo lugar, claro, el mensaje en sí. Alusión a los catalanes y pidiendo que, por favor, dejemos trabajar al Tribunal Constitucional. Todo eso me gustó, incluso que mencionara los distintos pueblos del país. Sin embargo, hubo un momento que me disgustó mucho, cuando el Rey volvió a nombrar el terrorismo (qué pesado) y dijo que teníamos que combatir el terrorismo con la justicia.
Que el fútbol cada día tiene más relación con el corazón, con casos como los de Güiza, Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo, es algo innegable. Que la prensa deportiva cada vez se parece más a la prensa rosa, también lo es. Sobre todo con diarios como Marca, cuyo fanatismo 




