Más claro agua.
Ya son más de 3.500 miembros en Facebook. El grupo creado por el periodista y redactor Carlos Hernández Echevarría ha levantado una vez más una polémica que ya ha saltado de boca en boca entre los profesionales del periodismo en alguna que otra ocasión.
La última “no-rueda” de prensa de Camps, y la reprimenda a un periodista por una pregunta al Ministro de Trabajo, ha terminado de caldear los ánimos de los periodistas y debería hacer reflexionar a los ciudadanos. En Terra.es encontramos un interesante artículo de Carmen Planelles de la Agencia de EFE con declaraciones del director de Comunicación del PSOE, Juan Antonio Blay, el secretario de Comunicación del Partido Popular, Carlos Floriano, y de Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, que ha vuelto a retomar la lucha contra estas prácticas, invitando a los directores de los medios de la capital a reflexionar sobre el asunto.
El caso es que la historia se repite. Los esfuerzos del Col.legi de Periodistes de Catalunya y la Asociación de la Prensa de Madrid, que en Abril de 2008 y tras la campaña electoral de las generales conseguían que todos los directores de los diarios firmaran un comunicado conjunto para evitar ruedas de prensa sin declaraciones por parte de los políticos, hoy vuelven a quedar en papel mojado.
Los políticos ante una crisis institucional, se escudan en las ruedas de prensa sin preguntas, o rehusando a contestar las que no les interesa. Últimamente también los periodistas reciben SMS con los argumentarios del partido. En las campañas electorales usan sus propias señales institucionales, y esto no difiere mucho de realizar una rueda de prensa sin preguntas, cuando los mitines son públicos. Si en un mitin, alguien difiere, se queja o protesta, es desalojado del mismo… como para dejarle preguntar a un periodista.
El problema va más allá de la pérdida de información por los ciudadanos, y pasa por la dignidad del periodista antes que la del propio medio de comunicación, que como empresa que es, no tiene dignidad, sino intereses. Pero como periodistas, no podemos ni debemos convertirnos en un altavoz político y contar solo “Lo que ellos quieran que digamos”.





